Conmemoración - El viaje más largo

Hasbleidy Vargas Toledo, Tania Lorena De Alba González

Resumen


Un día de inducción lo conocí, en ese curso de matemáticas lo vi, cuando nos dijeron “grupos”, a partir de ese día no creí que iba a conocer, en tan solo un grupo, a un estudiante, un amigo, un hermano, un hijo, un sobrino y un nieto excepcional.

Ese amigo fue de las malas y de las mejores situaciones, ese amigo que le encantaba estar en esta Universidad, ese amigo que se paseaba por los pasillos con celular en mano, maleta en brazo y audífonos en los oídos, ese que a ratos se la pasaba marcándole a sus amigas las demoradas para no quedarse solo en esa Universidad tan grande, ese que le sonreía a todo, porque si maduraba, como una fruta, se dañaba, ese que le encantaba el café y sus planes eran acompañado de uno si la ocasión lo ameritaba.

Yo conocí a ese amigo, ese que sin importar nada, lo aconsejaba, regañaba cuando era necesario, que quería sin límites, ese amigo que se convertía en hermano cuando sobreprotegía, ese que celaba, ese que en las malas situaciones siempre lo sacaba a uno a dar una vuelta, ese amigo que tuvimos para los números, trabajos, salidas, viajes y para contar los más de mil secretos, ese era mi amigo.

Hablo de un amigo que para acompañarme a la cafetería nunca decía que no, hablo de aquel al que le pedía acompañarme a las filas del banco y, sin importar que este quedará a una cuadra de la Universidad, siempre me esperaba, hablo de ese muchacho alto que se burlaba de mi estatura cuando salíamos los dos o acompañados, hablo de esas risas por la chaqueta vinotinto, hablo de un amigo incondicional que tuvimos muchos. 

Ese niño de peinado de lado, cabello y ojos claros, el de piel más blanca que un papel, el de sonrisa encantadora, ese que tan solo al verlo inspiraba confianza, hablo de él, de quien yo me enamoré y que en algún momento soñamos en casarnos, soñamos con futuro, soñamos en viajar, en disfrutar, en comernos el mundo todos los días, ese que ahora deseo ver en sueños, poder contarle lo que nos hizo falta hablar, poderle decir que las cosas no son fáciles desde que se fue a ese gran viaje, poderle decir que sin él nos estamos volviendo frutas maduras, decirle que sin su presencia se siente mucho su ausencia, que sin esa alegría que transmitía, las clases en esa gran Universidad son aburridas y complejas, que las ganas de seguir a veces se quedan cortas y los ánimos muy bajos, que queriendo continuar no lo dejamos de pensar, que las metas por cumplir siempre fueron unidas a su presencia pero que a pesar de la distancia las cumpliremos todos juntos, porque a pesar de su gran viaje espero que no se adelante tanto y nos espere.

Estas historias que espero contarles en un futuro a mis hijos, esas que compartimos todos, esas en donde tuvimos los sueños más grandes por cumplir, esas donde éramos felices en un salón de clases viendo películas y comiendo maíz, esas donde no nos callamos risas, ni juegos, ni tampoco secretos, todas estas espero contarlas algún día.

En conmemoración a Joseph Nicolás Catelblanco Bohórquez


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ISSN: 0124-5805
e-ISSN: 2500-5278
DOI: https://doi.org/10.15332/25005278