Publicado
2018-08-01

Exposición a la violencia en adolescentes: desensibilización, legitimación y naturalización

Exposure to violence in teenagers: Desensitization, legitimation and naturalization

DOI: https://doi.org/10.15332/s1794-9998.2018.0001.04
Jaime Sebastián F. Galán Jiménez http://orcid.org/0000-0002-8801-5201

Resumen (es)

El artículo realiza una aproximación a las creencias e ideas de jóvenes que han estado expuestos a violencia y sus posibles implicaciones como la desensibilización a la violencia. Se realizó el estudio mediante el análisis de contenido de siete entrevistas a profundidad con adolescentes que hubiesen vivido violencia o le ejercieran. Se realizó una codificación axial abierta. Se encontraron las siguientes categorías: violencia psicológica: vivida o ejercida; física: atestiguada, vivida y sexual. Normalización de la violencia, violencia como juego, gusto o agrado, justificación, como estatus o jerarquía y como adaptación o defensa. La desensibilización a la violencia no sólo en su manifestación de normalización y agrado, sino también en una diversión explícita implica la disminución de la prosocialidad.

Palabras clave (es): desensibilización a la violencia, legitimación, naturalización, adolescentes, entrevistas

Resumen (en)

The article shows an approach to the beliefs and ideas of young people who have been exposed to violence and the potential implications of this exposure, such as desensitization to violence. Method: content analysis of seven in-depth interviews with teenagers who had experienced violence. An axial open coding was performed. Results: we found categories of psychological, physical and sexual violence; normalization of violence, violence as a game, enjoying or liking violence, justification, status or hierarchy and as adaptation or defense. Discussion: desensitization to violence appears not only ass normalization and a source of pleasure, but also in explicit fun, which involves reduced prosociality.
Palabras clave (en): desensitization to violence, legitimacy, naturalization, adolescents, interviews

Referencias

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Galán Jiménez, J. S. F. (2018). Exposición a la violencia en adolescentes: desensibilización, legitimación y naturalización. Diversitas, 14(1), 55-67. https://doi.org/10.15332/s1794-9998.2018.0001.04

Exposición a la violencia en adolescentes: desensibilización, legitimación y naturalización*

Exposure to violence in teenagers: Desensitization, legitimation and naturalization

Jaime Sebastián F. Galán Jiménez| ORCID 0000-0002-8801-5201**

Recibido: 5 de marzo de 2017|Revisado: 25 de abril de 2017|Aceptado: 2 de julio de 2017

*Artículo de investigación. https://doi.org/10.15332/s1794-9998.2018.0001.04

** Correspondencia: Jaime Sebastián F. Galán Jiménez, Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México. Correo electrónico: psic.sebastiangalan@gmail.com . Dirección postal: Calle Bruselas 130 colonia providencia cp 78390 en San Luis Potosí, SLP, México.

Resumen

El artículo realiza una aproximación a las creencias e ideas de jóvenes que han estado expuestos a violencia y sus posibles implicaciones como la desensibilización a la violencia. Se realizó el estudio mediante el análisis de contenido de siete entrevistas a profundidad vivido violencia o le ejercieran. Se realizó una codificación axial abierta. Se encontraron las siguientes categorías: violencia psicológica: vivida o ejercida; física: atestiguada, vivida y sexual. Normalización de la violencia, violencia como juego, gusto o agra- do, justificación, como estatus o jerarquía y como adaptación o defensa. La desensibilización a la violencia no sólo en su manifestación de normalización y agrado, sino también en una diversión explícita implica la disminución de la prosocialidad.

Palabras clave: desensibilización a la violencia, legitimación, naturalización, adolescentes, entrevistas.

Abstract

The article shows an approach to the beliefs and ideas of young people who have been exposed to violence and the potential implications of this exposure, such as desensitization to violence. Method: content analysis of seven in-depth interviews with teenagers who had experienced vio- lence. An axial open coding was performed. Results: we found categories of psychological, physi- cal and sexual violence; normalization of violence, violence as a game, enjoying or liking violence, justification, status or hierarchy and as adaptation or defense. Discussion: desensitization to vio- lence appears not only ass normalization and a source of pleasure, but also in explicit fun, which involves reduced prosociality.

Keywords: Desensitization to violence, legitimacy, naturalization, adolescents, interviews.

Introducción

El Consejo ciudadano para la seguridad pública y justicia penal A. C. (2015) afirma que nueve de las 50 ciudades más violentas del mundo se encuentran en México, entre ellas Acapulco (la número dos). Esto implica que casi una tercera parte de los estados del país cuentan con una ciudad que mundialmente sobresale por su violencia. Por tanto, la vivencia de violencia en la sociedad mexicana se encuentra inmersa en su lazo social.

El presente estudio tuvo como objetivo conocer las creencias e ideas de jóvenes que han estado expuestos a violencia y sus consecuencias como, la desensibilización a la violencia, las cuales aparecen como legitimación o banalización de la violencia para finalmente considerar natural, trivial o incluso agradable.

La exposición de los jóvenes a la violencia en la comunidad ha sido relacionada con conductas patológicas específicas, lo cual podría ser manifestación del aprendizaje vicario (Cooley-Strickland, et al., 2011). La desensibilización a la violencia “es un proceso sutil, casi incidental que puede ocurrir como resultado de la exposición repetida a la violencia de la vida real” (Funk, Baldacci, Pasold, & Baumgardner, 2004, p. 259) la cual hace que la persona tenga menos reacción emocional ante eventos violentos, generar la creencia de que la violencia es trivial o inevitable. Por otro lado, Galán y Preciado (2014) la conceptualizan de la siguiente manera:

La desensibilización a la violencia disminuye el afecto negativo y la angustia ocasionada por la violencia, el reconocimiento de sus manifestaciones, la simpatía o interés por víctimas de violencia, la culpa, responsabilidad y gravedad atribuida al daño generado por perpetradores y también reduce las conductas prosociales. Por otro lado, incrementa el acceso a ideas y la tendencia a realizar conductas vio-lentas; a su vez aumenta las emociones positivas generadas por la violencia, incluso puede resultar en el gusto o agrado al prever o presenciar situaciones (o escenas) de violencia (p. 79).

Su, Mrug y Windle (2010) afirman sobre cómo la constante exposición a la violencia la normaliza e incluso genera ideas de aceptación (como parte de la desensibilización a la violencia). “Las personas cuyas reacciones emocionales negativas a la violencia han sido desensibilizadas (o que por disposición tienen una menor respuesta) pueden experimentar más emociones positivas al prever agresión y pueden ser más propensos a participar en agresiones” (Krahé, Möller, Kirwil, Huesman, Felber, & Berger, 2011, p. 632). Mosca (2012) afirma que desde la infancia se configuran procesos de legitimación social de la violencia, en los cuales, la interacción sostienen los significados implícitos y explícitos en ella. “La legitimación correspondería a aquellos procesos de creación de significados que se volverían válidos intersubjetivamente, adquiriendo elementos normativos creados y validados culturalmente” (Mosca, 2012,

p. 79). De tal manera que un sujeto puede considerar que emplear la violencia es válido y justo. Así, el entorno puede normalizar las manifestaciones de la violencia, la cual define como:

forma de interacción se construye y confiere significación a través de la interacción social. (…) la violencia se aprende y transmite a tra- vés del proceso de socialización junto con de- terminados valores, leyes y normas sociales, contempla una dimensión afectiva y cultural como constructo social creado, compartido y validado intersubjetivamente (Mosca, 2012, p. 80).

Tortosa y Penalva (2004) afirman que en América latina se encuentra un contexto de violencia estructural con una gran presencia de cultura de la violencia. La violencia puede imponerse a veces a las personas en “formas y prácticas simbólicas interiorizadas por medio de una cultura subjetiva que es compartida y reproducida de manera colectiva, a través de las actividades prácticas, conductas, pensamientos y juicios que forman parte de un orden cultural constitutivo de lo real y de la organización social (Cisneros, 2011, p. 65).

Los jóvenes al interior de su entorno no son ajenos a lo que se observa y se promueve. Y por tanto, la cultura de la violencia genera patrones de comportamiento, caminos de desempeño, e incluso metas a cumplir que parten de un principio opuesto a las conductas prosociales, a las leyes (ver a continuación) y en la constante difusión,  la legitimación de ese proceder como modelo, la violencia va enmascarándose al grado de parecer parte necesaria de la vida.

Según Romero (2004), la percepción que tienen las mujeres suele limitarse a sus manifestaciones graves. Así, el 92% vivía agresiones por parte de sus parejas sin reconocerlas. Las mujeres se han habituado y ven como normal el abuso, la humillación, el desprecio o el control. Sin embargo, también existe una habituación social a la violencia, no sólo de la mujer, sino de todo el entorno. Se sintetiza lo expuesto en la siguiente cita:

cuando la violencia se convierte en parte del medio ambiente, la posibilidad de reconocer- la disminuye y, por lo tanto, es introyectada por los sujetos que la viven como algo natural, para advertirla es necesario que aumente. Es un problema que se reproduce y se exponencia. Aumenta y se profundiza, paulatina y sigilosamente, en las interrelaciones personales; sólo se reconoce en su nueva expresión, el resto ya es parte de lo dado y, por lo dado, nadie se asombra. (Tello, 2005, p. 1172)

Fernández, et. al., (2010) dicen que la legitimación de la violencia deviene de una naturalización de la misma, y que en las escuelas pareciera un medio válido de resolución de conflictos pues los adolescentes que investigó encontró que aproximadamente en un 80% no emprenden acciones en contra de la violencia (peleas), y por tanto, se le puede considerar manifestación de la desensibilización; aceptarlo como suceso trivial e inevitable. Ghiso (2012) considera que la violencia puede naturalizarse a través de las concepciones que  se tienen de esta, por lo que propone remover las etiquetas que le han ocultado, vincular con dimensiones no sólo individuales, sino sociales, culturales y políticas.

Cuando las formas de violencia “superan ciertos umbrales y adquieren cierta espectacularidad tienden a generar un efecto de encandilamiento por el cual se invisibilizan (o al menos se les quita significación) a esas otras expresiones de violencia que suelen estar naturalizadas, toleradas por el colectivo”  (Giorgi,  Kaplún & Morás,  2012, p. 16). Dichas manifestaciones aparecen todo el tiempo en la convivencia, en la investigación que realizaron encuentran que los estudiantes violen- tos provienen de familias  violentas, y por  tanto, para ellos  no se percibe la violencia como tal,  lo cual les permite naturalizarla y llevarla a sus instituciones educativas y, se podría agregar que posteriormente, a la sociedad. Por tanto, aquello que inició resultaba inadmisible y comienza a ser aceptado paulatinamente “el umbral sube, y lo que parecía inadmisible se acepta con mayor o menor resignación.” (Giorgi, et al., 2012, p. 148).

La violencia depende de quién legitima, la forma del discurso en el que se inscribe y sus naturalizadas legitimidades y efectos. El discurso puede dar legitimidad (dependiendo de quién lo emita) “naturaliza formas de violencia como legítimas y coloca al otro, a la otra, en una posición subordinada que naturaliza su dominio” (Hérnandez, Vidiella, Herraiz & Sancho, 2007, p.104). Jiménez- Bautista (2012) complementa que a la violencia naturalizada no se le opone resistencia alguna.

Método

Se realizó el análisis de contenido de siete entre- vistas a profundidad de adolescentes pertenecientes a distintas instituciones de educación media superior, entre 16 y 19 años de edad. Se emprendió un muestreo según criterios determinados, los cuales contemplaron que éstos jóvenes potosinos voluntarios debían caracterizarse por haber vivido violencia (directa o indirecta) o haberla ejercido. Se realizaron entrevistas a profundidad a cinco hombres y dos mujeres, tres pertenecientes a institución pública (43%) y cuatro a preparatoria particular (57%) de diferentes locaciones de la ciudad de San Luis Potosí, México.

Procedimiento

Se empleó una guía abierta de temas a abordar durante la entrevista no directiva, en la cual se esperaba que aparecieran en el discurso de mane- ra natural sin mencionar los elementos de la guía, cada entrevista tuvo un mínimo de duración de 50 minutos. En aquellos informantes que presentaron mayor material para comprender el fenómeno y estuvieron de acuerdo se solicitó mayor cantidad de tiempo. Se transcribieron las entrevistas, se hizo una codificación axial abierta. Se realizó una categorización, se generaron bloques temáticos y finalmente se crearon unidades de análisis simples para su manejo idóneo en temas generales y sub- temas

Resultados[1]

Violencia psicológica o emocional

Violencia psicológica atestiguada

En esta categoría se encontraron: críticas, comentarios, burlas, insultos, bromas, molestias, a través de redes sociales, dañando pertenencias de la persona o realizando bullying; término empleado con múltiples acepciones, el cual ahora se utiliza sin la connotación del constructo teórico, como se puede apreciar a lo largo del artículo.

“En la escuela se ve mucho cómo molestan, o sea, la cosa esa del bullying, cómo moles- tan a la gente, o sea y como es mucho más emocionalmente (…) a lo mejor las personas que hacen el bullying son los que más sufren en sus casas y van y se desquitan con otros”. [Participante 2, mujer, 17 años].

“Dañaban con comentarios fuera de lugar, o sea que te hacen sentir mal frente a las demás personas que ni al caso, como no sé qué… te dijeran que estás feo, que estás gordo, o sea, el trauma de ellos es que no tienen lo que tú tienes”. “Bullying: ya le pusieron nombre cuan- do una persona fastidia a otra en la escuela, al punto de llegar a hacerla sentir tan mal; que en determinadas ocasiones las personas que son fastidiadas o acosadas llegan al punto del suicidio y yo pienso que pues no tampoco de eso se trata la vida, son percepciones”. “para hacerles bullying, puede ser que tomen sus cosas, las pisen las avienten pueden hacer cualquier cosa pero que siempre tienen que ver con ellos para dañarlas… de cualquier forma” “Ahora con las redes sociales (…) hacen un comentario de alguien, que etiqueten una foto de alguien diciendo algo que ellos no quisieran o cosas así lo hacen en internet o (…) en la es- cuela (…)” [participante 6, hombre, 17 años].

Violencia psicológica vivida

Los jóvenes reportan la vivencia de violencia como la “carrilla” (juego verbal en el cual se ata- ca entre pares, casi siempre con lazos afectivos cercanos), molestar, miradas, tratos, ser ignora- do, comentarios hostiles, ser fastidiado, ser puesto en riesgo, vivir bullying, apodos, ser atacado  a través de redes sociales, ser atemorizado, vivir humillaciones, amenazas o ser difamado.

“No deja de ser violencia el hecho de que por pequeños detalles todos los días me estén molestando ¿sí me entiendes?, entonces pues yo siento que eso es violencia”. “como para no aburrirse, tiene que estar molestando a alguien, así como cuando hechas carrilla en el colegio (…) y pues tiene que estar fregando a la persona que tiene al lado”. “La agresividad se puede medir desde cómo te ve la gente,  o sea desde la mirada que te echan (…) sería como la forma que te trata”. “Que te ignoren o que te digan que todo lo que haces está mal, o que todo el tiempo te estén amenazando aunque no te hagan nada, con el simple hecho de que te amenacen constantemente”. “Pero si es emocional te empieza a cambiar la forma de pensar (…) las cosas que te gusta hacer,  y empiezas a que tener miedo (…) y si te da miedo pues entonces ya perdiste porque te impide hacer  un montón de cosas y empiezas a cambiar en tu carácter y empiezas a cambiar en tu vida y un ejemplo de violencia emocional pues no sé, pues sería de que tus papás por ejemplo te digan que eres un fracaso o así, puede ser que en el colegio te ignoren o te digan que está mal todo lo que haces, o algo así, que aunque no te toquen  te está haciendo más daño” [participante 1, hombre 17 años].

“Al principio ahí en mi casa… este, había dos personas que eran las más chingonas, pues los chidos, ¿no?, entonces esos güeyes pues siempre a mí me fastidiaban (…) se peleaban y se reían de mi (…) entonces eso me agüitaba bien gacho y todo”. “Pero yo siento que más fue por, por, porque me molestaban mucho. Este… donde sentía más que me molestaban… era en la primaria” [participante 3, hombre 19 años].

Al finalizar, comenta que su madre solía acelerar tan rápido mientras manejaba, que él se atemorizaba y cuando le comentó que a esa velocidad podía matarlos la madre respondió que “no importaba si así aprendía”. Este dato resulta relevante ya que dicho participante será quien reporte mayor proximidad con eventos violentos.

“Ahorita ya lo llaman como bullying, el que me hayan dicho apodos en la escuela, pero eso no sé si haya sido por coraje o por qué (…) él empezó todo el borlote por decirlo así, empezó a decir, pues apodos como: “michelin” (…) fue cuando empezaron a decir esos, ese tipo de apodos agresión contra mí”. “Una vez hackearon mi red social y pusieron muchas cosas, me cambiaron todo en forma de cuando que pones tu información le ponían gustos y ponía que las mujeres o sea… eso qué, (…) por qué me maltratan en esa forma, por qué tener la necesidad de hackear una red social, por qué en ese, en, humillarme y poner cosas falsas (…) en la red social puedes hacer muchas cosas y ahí te acabas tu vida yo creo” [participante 4, mujer, 16 años].

Violencia psicológica ejercida

Los participantes reportan hacer bullying, hacer bromas, molestar o hacer comentarios adversos.

“Llegué por decirlo así a hacer bullying y, pero a veces me arrepiento porque digo yo también estuve en esa situación y la chava yo creo que se encontraba en una situación peor porque a ella tan, no tan sólo era una persona era sino era el salón, el grupo, todos le decían de cosas, por su olor, por su vestimenta por todo, nunca, como que nunca ha encajado en lo so- cial y no sé por qué yo, yo a veces sí me quiero acercar y decirle que la voy a ayudar en algo” [participante 4 mujer, 16 años].

“Pues, no sé, hacer bromas, estar jugando con las personas, molestarlas así”. “Cuando les di- ces algún comentario de su físico y obvio se ponen tristes y al mismo tiempo se enojan y te lo regresan o no sé (…) a lo mejor cuando a los gorditos les dices que son unos gordos o pelotas, así se ponen tristes [riendo] (…) a lo mejor ‘negro’, a lo mejor teto o algo así (ríe), algunos sí lo dicen en serio y así como porque les cae mal la persona yo no, yo nomás lo hago por la diversión o así” [participante 5, hombre, 17 años].

Violencia física

Violencia física atestiguada

Los participantes han atestiguado peleas, golpes, empujones, el uso de distintos tipos de armas, incluso disparos, “navajazos”, asaltos, y posible secuestro. La mayoría reconoce la violencia física y reporta una progresión de eventos violentos que van de menor a mayor intensidad.

“Me ha tocado muchas veces (…) se empiezan a pelear, empiezan a agarrar cuchillos, pisto- las, este, navajas, este,  boxers, no de todo, y eso para mí es… pues, pasa de lo violento, ya es así como que sádico, no sé, pero ya es un nivel para mí, que yo no quiero pues llegar, porque pues no me gusta. No… quiero ser así, no me gustaría para nada (…) pasa de lo violento”. “Me emocioné porque, pues no estaba en peligro pero escuché, escuchaba los disparos y me acercaba y ya nomás veía la gente, eh… con, con… ¿cómo se llama?... con pasamontañas… este y… ahí sí me daba tanto miedo y dije: ‘pues es que ahora sí una persona violenta no te tiene piedad’”. “Hubo una pelea entre ellos y nos hablaron a nosotros y yo me acerqué. A la vez estaba un poco emocionado pero a la vez tenía mucho miedo de que terminara muerto. Entonces, este… me hice ‘pato’ y me fui a un lado para que no  me pasara nada y nomás empecé a escuchar así como que ‘aaw’, no sé, como que navajazos bien gachos y todo”. “La balacera que me tocó, este… veía gente correr y todo y dije: ‘¡ah, no mames que chido mi primera balacera!’ (…) viendo a la chava  toda herida, toda la sangre ahí escurriendo, llorando, no… cabrón, cabrón. Me quedé con cara de: ‘ay, no mames’”. “Y ya la segunda balacera que fue en el centro, ahí sí yo corrí porque dije: ‘no manches, no… no quiero que me pase algo’. Entonces corrí y nada más escuchaba los disparos y todo, todos gritando. (…) Entonces ahí sí tuve mucho miedo”. [Participante 3, hombre, 19 años].

“Empiezan con insultos y diciéndose barbaridades yo creo como puta zorra o sea equis y mmm y ya después según esto quedan de ver- se en un lugar y ya pues se empiezan a golpear pero yo creo que… y en esa forma yo digo que quien gane…de esa forma se calman… solamente…” [Participante 4, mujer, 16 años].

“Una vez estaba pasando por la carretera, ahí por dónde era… por Chapultepec y vi cómo bajaron una chava a patadas y me fui como… qué onda con eso [ríe] y me quedé pensando todo el día en eso, hasta me dio tristeza (…) la secuestraron o algo así” [participante 5, hombre, 17 años].

“Pleitos, pues con amigos que veía que se peleaban.(…) pues por burradas, cuando estás, este, chavillo y, se pelean por cualquier cosa. (…) pues de que unos amigos, (…) dicen (…) que la otra persona está hablando de ti y que no sé qué y de ahí ya se empiezan agarran a según pelearse.(…) pues empiezan a insultar y así (…) pues, así como, no tú chinga tu madre que no sé qué, y luego ya el otro lo empieza a empujar y ya según se van a pelear”. “Cuando se pelean así, se pelean casi siempre afuera de las escuelas y, este, y a veces cuando se están peleando, este, las señoras de las casas llaman a la policía y llegan a veces pero a veces si se pelean, si hasta se sacan sangre de la nariz”. “Pues, este, allá en el pueblo, este, cuando hay muchos, este, cuando hay, este, fiestas a veces sacan las pistolas para cuando es año nuevo, no sé, sacan las pistolas a pum pum a descargarlas, eso sí se me hace violento porque a veces, este, puede caer la bala” [participante 7, hombre, 17 años].

Violencia física vivida

Se reportaron por parte de los adolescentes: empujones, zapes, peleas, ahorcamientos, humillaciones, arrojar objetos, dar patadas, golpes. Como se podrá apreciar, la violencia física La violencia física reportada por los participantes es mucho más limitada en los discursos que la psicológica o la indirecta.

“La violencia en el colegio, o sea peleas, o de que llegan y te zapean, o que te empujan, o sea la típica del colegio” [participante 1, hombre, 17 años].

“Una vez me empezaron a empujar y empujar hasta que uno me tumbaba y al momento de tirarme ahí me agarraban entre todos, ahí me sometían porque pues ya todos estaban bien pesados, me empezaban a ahorcar y todo. Me acuerdo una que sí me enojé mucho que fue en frente de una, de la casa ahora sí que de la chica, la más guapa, este, y me pusieron así como… me humillaron en frente de ella, entonces, bueno me empezaron a golpear y todo. Entonces (…) me enojé mucho que lo volteé y le agarré la mano y empecé a lastimarle los dedos, así… casi, no sé si se los iba a romper”. “Era más alto que yo y me empujó, entonces, este, me dio tanto coraje que en  la mente me imaginaba agarrarlo del cuello  o destrozarlo, no sé, o sea gacho, cabrón. Entonces lo que hice fue que agarré un mesa- banco y se lo aventé y ya pues al momento de aventárselo se cayó y empecé a patearle la cara y todo, no sé, como que siento que soy muy valiente al momento de pelearme”. “La pelea fue tanto que, que quería correr, que- ría salirme y ya, no sé, tenía, sí tenía mucho miedo de… morir o de terminar tan golpeado que estaba en el hospital y mi familia se iba a enojar conmigo y todo” [participante 3, hombre, 19 años].

“(…) Cuando secuestraron a mi amigo” “Sola- mente una vez me he peleado… con una… chava también agresivamente, pero fue porque ella empezó a decir que yo era una puta y que no sé qué, que yo la había mandado golpear (…) con ella sí me peleé porque me sacó de mis casillas y fue en plena clase, me separaron de ella y no me arrepiento, de haberla golpeado, de haberle hecho algo, de haberle querido hacer algo porque ella era también era muy fea conmigo” [Participante 4, mujer, 16 años].

“Lo más violento ha de ser pelearme con un amigo o con mi hermana pero nada tanto (…) a palabras o aventándoles algo, pero no tan fuerte y siempre terminamos así, perdonados (…) <Tonto, imbécil, hasta pendejo y así (…) a lo mejor criticar a alguien o a lo mejor los tí- picos zapes [participante 5, hombre, 17 años].

“Pues de que uno de, uno más grande de, yo estaba en segundo y uno de tercero un amigo le aventó una guayaba y le cayó en la cabeza y vino y me la hizo de pedo pero pues yo le dijo no pues yo no fui pero él me empujó y ya mejor me di la vuelta y ya no le hice nada, quién sabe cómo ha de ver quedado yo” [participante 7, hombre, 16 años].

Violencia sexual

La nalgada, el manoseo, la violación, así como obligar a la pareja a tener relaciones sexuales son elementos identificados de la violencia sexual también se podría añadir el violentar a la pare- ja. Se utiliza la palabra “joto” como indicador de disminución de la masculinidad, una agresión que implica una violencia hacia una preferencia sexual no heterosexual. Todos elementos implícitos de esta categoría.

“La de los niños, este, que los violan (…)” “[cuenta que a su novia], un señor me dijo de cosas, unos güeyes me nalguearon, este dos perso.. chakas me empezaron a perseguir y me fui hasta el oxxo y ahí estuve hasta que se fueran, este, y ya llegaba conmigo y se des- quitaba conmigo y me decía pus yo no tengo la culpa de que, bueno...”. “tal persona me quiso nalguear o me tocó el trasero o cosas así (...)”. “Para mí que una persona le pegue a una mujer es para jotos (…) [el novio de la hermana] le dijo a mi hermana que quería hacerlo con ella y no quiso y la golpeo, eeeh, llegó a la casa con un moretón en la pierna, golpeada y todo pues mi familia se encabronó y todo, el güey se escapó a sus tierras (…)” [participante 3, hombre, 19 años].

“Los zetas o algo así se llaman sí se llaman los Zetas y los otros los cartel que se andan peleando la plaza, este pues a veces se van por las hijas o ahí se meten y pues los seño- res salen o a veces por, por el terreno para plantar este la, la mariguana” [participante 7, hombre, 16 años].

Desensibilización a la violencia

Debido a la naturaleza de la temática la clasificación realizada permite un acercamiento en el discurso y a la vivencia social del fenómeno, ya que la mayoría de las investigaciones emprendidas han sido de naturaleza experimental y cuantitativa.

Normalización de la violencia

La violencia en el discurso de los adolescentes aparece connotada como “obvia” parte del cotidiano, naturalizada, es decir, “te acostumbras”, como normal, las alteraciones en el léxico, la burla, los asaltos, lo “típico” que hace referencia a la violencia, el bullying, entre otras conductas que parecieran no resultar alarmantes.

“Obviamente pues me he peleado y he visto que se pelean y, este, pues ya, supongo que ese tipo de violencia”. “Hay algunos, o sea, que tal vez diariamente son agresivos pero porque su actitud ya es así, obviamente no está bien que ya sea así, pero como que te acostumbras(…)”. “La violencia en estos últimos años como que ha incrementado mucho y la gente la empieza a normalizar, entonces, como que las cosas que antes te enojaban mucho o que en verdad eran violentas y a todo el mundo se le hacía feo, tal vez hoy a la gente le da igual y ya sea algo normal (…) ya todo el mundo agandalla y todo el mundo hace lo que quiere, y todo el mundo maneja como quiera, y como que esos pequeños detalles que es violencia cotidiana de todos los días y de toda la sociedad se han ido como normalizando”.

“Como ya se han normalizado muchas cosas de violencia en nuestra sociedad pues la gen- te se vuelve más fría cada vez, entonces se les hace más fácil hacer la violencia (…) ahorita es todo pelea y sangre y disparos y explosiones”. “ “Hay maestras que si dices ‘wey’ te mandan reporte porque para ellas es una súper maldición, porque en sus tiempos según esto se decía como maldición, y obviamente para mí no me parece agresividad,  porque  ya estamos acostumbrados” [participante 1, hombre, 17 años].

“Entonces que me imagino que pues matan   a la persona y se van. Entonces no, fue una balacera, pues, no una balacera sino un momento de pistola así como que falsa y ahí ya no tenía miedo, ya no sentía nada, me sentía normal” [participante 3, hombre, 19 años].

“O sea pues mi papá es muy burlón y un poco sarcástico entonces, pues mi papá él es así,  y casi toda su familia es así, o sea, del lado de mi papá, casi todos son así burlones, como que nada se lo toman muy apecho aunque se los digas así, te dicen no sí, y se ríen y no era chiste” [participante 2, mujer, 17 años].

“A lo mejor  criticar a alguien o a lo mejor  los típicos zapes”. “Pues como está ahorita, secuestros a cada rato, a lo mejor asaltos en cualquier lado” [participante 5].

“En la escuela son las personas que normalmente hacen bullying son las personas que algo tienen algo les falta y lo tienen que desquitar de alguna forma, el… yo soy fastidioso por naturaleza”. “Si tú les dices puedes provocar un conflicto desde la persona (…) que lo bullea, hasta no sé, un padre de familia, un maestro yo qué sé, como nunca he estado en un papel y nunca me he fijado o esforzado en, en ver qué hay más allá de esas personas no podría decir mucho” [participante 6, hombre, 17 años].

Violencia etiquetada como juego

La desensibilización a la  violencia  presente  en  el proceso de interacción social, al considerar agradable o lúdico un suceso, desde peleas o gol- pes, como parte de un juego, el robo como una gracia, “llevarse” pareciera implicar permitir al otro que violente, hacer bullying para ser graciosos.

“La violencia en el colegio, o sea peleas, o de que llegan y te zapean, o que te empujan, o sea la típica del colegio, pero muchas veces puede que esa violencia no sea directamente para dañarte, o sea con una mala intención pues, o sea claro que la mayoría de las ve- ces es jugando, o sea pero, muchas veces los juegos tienden a ser violentos”. “Pues de que llegan y te pegan (…) no lo hacen con maldad pues, o sea sí, pero no, o sea no lo hacen con el objetivo de dañarte, sino de que simple- mente quieren jugar contigo, entonces tú le regresas el zape y se ríe ‘jajá’ pero me refiero a ese tipo de juegos que son vio… o sea no son agradables para ninguno de los dos, pero de todas maneras las dos personas pues se están pegando, y no lo están haciendo con motivos de ser malos pues” [participante 1, hombre, 17 años].

“Robaba cosas en las tiendas…y yo digo pero por qué si tiene para… para pagar ¿no?... Entonces por qué lo hace… y yo cuando hace eso trato de evitarme, trato de… de alejarme y…. solamente una vez la han cachado y creo que no se le quitó… lo tomó como gracia…” [participante 4].

“Esas personas que como son envidiosas y tienen un problema con la vida que ahora sí que es muy su problema, buscan dañar a las demás personas, yo digo que este dicho de que una manzana podrida pudre a las demás entonces si te intentan a molestar o como están resentidos con la vida te intentan hacer algo por envidia a lo que ellos no tienen yo creo que ese es su problema, entonces hay que tener cuidado de esas personas y no tanto de las que, pues te fastidian y juegan contigo” [participante 5].

“Me ha tocado ver que los empujan y,  y tú  te das cuenta que es una manera obvia de agresión y ellos nada más así de ‘jajaja está jugando, se lleva conmigo’ y tú te das cuenta que lo que, mmm, que lo que menos está haciendo es jugar con él. (…)”. “Todo entonces a manera de diversión para verse bien graciosos tomaban las cosas de las personas a quien digo que les hacían bullying”. “Pasan de estar jugando según ellos y entonces el que lo está fastidiando se ve amenazado y entonces no sé con un empujón le, le da una patada, de esas… de ahí se empiezan, entonces el que  se deja hay veces que no se deja, y entonces como el que está bulleando ya le va parando a su forma de llevarse y si se dejan pues ya ahora sí que lo amedrentan ahora hasta a golpes” [participante 6, hombre, 17 años].

Gusto o agrado por la violencia

Sentir gusto al prever, realizar, atestiguar o vivir violencia ejercida o autoinfligida, da cuenta de la más extremas manifestación de la desensibilización a la violencia, la naturalización de la violencia se puede apreciar en las narrativas que dan cuenta de la misma, pese a la deseabilidad social implícita son narradas a pesar de que en teoría se encuentra implícito el fenómeno de la deseabilidad social, razón por la cual podrían censurarse este tipo de discursos.

“Me gusta estar en un lugar sólo donde nadie me vea y es un dos o tres golpes a la pared o sino tengo algo en la mano y pues lo destruyo y ya… así como que me gusta hacer eso no sé, ajá, me siento un poco libre”. “La balacera que me tocó, este… veía gente correr y todo y dije: ‘¡ah, no mames que chido mi primera balacera!’ (…) por fin una balacera’, pero a la vez no pensaba porque estaba pues en peligro pero no sabía (…) luego me encontré a mi tía, me dijo: ‘¿estás bien?’ que no sé qué, ‘no, sí, estuvo bien chida la balacera’” [participante 3, hombre, 19 años].

“Pues me gusta mucho divertirme, me entre- tengo porque yo no puedo estar quieto ni un segundo, así, no puedo estar dejándome de mover y así, pues me gusta estar molestando y fregando” [participante 5, hombre, 17 años].

“Se burlaban de ella (…) admito que me dio risa pero no en el sentido de burlarme de ella sino que pus es muy gracioso que ella creyera que se escribía de esa manera pero las demás personas lo usaron como para para molestar- la” [participante 6, hombre, 17 años].

“Pues sí, en las fiestas de que descargan y eso, eso si se me hace violento y allá las sacan [las pistolas] según (…) por la fiesta” [participante 7, hombre, 16 años].

Justificación de la violencia

La violencia como algo que se considera un derecho a ejercer a alguien que también la ejerce, también, que dejar de practicarla puede tener una connotación negativa, “dejarse” como si la violencia que se vive fuera una decisión y lo única opción para contrarrestarle fuera por medio de la misma violencia.

“Mi mamá me decía, antes me decía que no golpeara a la gente porque me iba a meter en problemas y todo, entonces una vez me dijo bien enojada porque terminé todo golpeado, me dijo ‘sabes qué, dales en la madre, golpéalos, o sea no te dejes, ahora sí ya no te dejes’” [participante 3, hombre, 19 años].

“Con ella sí me peleé porque me sacó de mis casillas y fue en plena clase, me separaron de ella y no me arrepiento (…) porque ella era también era muy fea conmigo” [participante 4, mujer, 16 años].

“(…) Hacer sentir menos los ponía en su lugar cuando de verdad se pasaban, que es muy diferente porque yo los quería hacer sentir menos como ellos trataban de hacerme a mí, (…) bueno yo nunca busco hacer menos a las personas porque no se trata de hacer menos a las personas pero ora sí que si ellos se sien- ten así y se lo ganan ‘sorry’” [participante 6, hombre, 17 años].

Violencia como status o jerarquía

Ser quien violenta como  forma  de  jerarquía,  de superioridad, control o valentía, también, estereotipos aprendidos a través de los medios de comunicación que muestran violencia extrema como asesinatos. También la violencia como un factor protector, ser victimario como una elección de rol que los jóvenes se plantean para no ocupar el de víctima.

“Siento que soy muy valiente al momento de pelearme”. “Me empezaron a golpear (…) quise tomar el control o como que quise ver que se sentía eso de porque molestar. Entonces yo agarré otro igual de la misma cuadra, pero uno más alto que yo, lo agarraba, igual, hacía lo mismo que ellos” [participante 3, hombre, 19 años].

“Se comportan (…) agresivos, muy dominantes (…) llega y te trata mal, así es con todos, o sea se cree muy por encima de todos” [participante 5].

“Pues de que se ven bien con sus rifles en sus camionetas y que andan con muchas mujeres y eso (…) pues los videos, cómo matan a la gente en los videos y así, (…)”. “Una vez, este, me enojé con uno y, este, le dije ‘no a la salida te voy a partir tu madre’ le dije así y luego él se espantó y me que me vino a decir ‘no, no perdóname que no sé qué’, y ya pues uno que- da como que ‘ah no si eres bien cabrón’, pero después ya me di cuenta de que no estaba bien eso” [participante 7, hombre, 16 años].

Desensibilización como adaptación o defensa

Requerir la violencia para sobrevivir al entorno es también uno de los elementos que se identifican como consecuencia de la exposición a la violencia, aceptar la violencia verbal, tratar de dejar de tener sentimientos, autoviolentarse, ejercer violencia para defenderse, también como algo aprendido que se replica en más de un contexto.

“Me agarraban de carrilla por ser narizón… (…) ya no me interesan si me dicen de cosas. Mi mamá me dijo una vez, este… que para que ya me dejan de molestar me riera de mis propios defectos… este y me dejaban de molestar… y sí. Lo hice, me dicen ‘pinche narizón’, ‘ah, cá- llate pendejo sino te picoteo’… este cosas así” [participante 3, hombre, 19 años].

“Para las personas es importante la violencia porque en ese modo se defienden, yo creo es su, como lo dije, es un casco que se ponen para… tratar de bloquear todo… todos los pen- samientos de las mismas personas”. “Apodos me ponían (…) intenté eso, hacerme dura y negar todo o sea hacerme, como si nada no tener sentimientos” [participante 4, mujer, 16 años].

“A los que los molestamos pues obvio no les gusta, obvio se sienten o así, pues se ponen tristes o se enojan o también empiezan a insultar y así… (ríe)” [participante 5, hombre, 17 años].

“Con un comentario con alguien que les hable con decisión y que les haga sentir menos puede ser que no te hagan nada, entonces ese tipo de manera en que los tienes que tratar porque ellos te marcan el ritmo que tú vas tocando” “Creen que a lo mejor algún gesto de empujarlo o hablarle feo o algo así es parte de la adaptación de una persona a un grupo (…) mucho tiene que ver qué está detrás de ello, no sé, la casa, como los tratan, si así los tratan, (…) uno puede ver lo que está en su casa y lo que la manera en que se desenvuelven con nosotros” [participante 6, hombre, 17 años].

Discusión

La exposición a la violencia directa e indirecta que se destaca en las entrevistas da cuenta de las vivencias de los estudiantes de educación media superior. Como lo es en el aspecto psico- lógico la burla (vivencia común), el daño verbal (crítica, insulto, burla, la amenaza), el robo (mu- chas veces por personas cercanas como compa- ñeros y amigos), la violencia a través de las redes sociales (sobre todo en las que pueden emplear- se de manera anónima), humillar y sobajar[2], el bullying, que se emplea de manera cotidiana y algunas veces se menciona de forma lúdica para hacer referencia tanto de burla como de daño fí- sico (la desensibilización a la violencia implícita- mente inmerso en el empleo lúdico del término). El bullying pasó a ser de un suceso alarmante a algo que a todos les ocurre, por tanto, no es en- marcado con la gravedad que debiera reconocer- se como inherente al término, fenómeno que da cuenta del etiquetamiento y aprendizaje social de los jóvenes.

En el aspecto físico de la violencia se reconocen de manera clara en el discurso de los adolescentes: peleas, asesinato, portar armas y daños a personas y objetos, de manera consistente con Giorgi, Kaplún y Morás (2012) la violencia psicológica se encuentra más tolerada y, por tanto,  es expresada con mayor frecuencia que la física. Y la violencia sexual, la cual se relaciona con la violación y las nalgadas, mas no se dimensionan todas sus posibles formas. Éste último tipo de violencia se encuentra de cierta manera invisibilizada, como si pareciera no reconocerse en la vida cotidiana.

Las entrevistas dejan claro que al referirse a “chingón” hacia los agresores, se maneja de forma implícita un estatus positivo hacia aquellos que ejercen la violencia, razón por la que   el entrevistado buscó sus propias víctimas como medio de protección. Podría tratarse ya de una legitimación de la violencia como lo apuntó Mosca (2012) legitimar la violencia es una cuestión de ideas que confluyen para que la violencia parezca inevitable (resultado de la desensibilización). Un proceder compartido que a través del discurso social se mantiene, al grado de parecer lógico, normal y no sólo eso, algunas veces incluso necesario.

Con el análisis realizado en las entrevistas sobre la temática de la desensibilización a la violencia se lograron generar categorías que implican a la violencia como normal, como juego o divertida, agradable o justificada, como aquella que brinda estatus o jerarquía, y desensibilización como par- te de una adaptación o defensa. Uno de los hallazgos que se convierte en gran aporte a la teoría, fue encontrar el fenómeno que planteaban Krahé, et.al (2011) que se refiere a la posibilidad de que la violencia genere en las personas desensibiliza- das emociones positivas, cuestión que también se encuentra enmarcada por Galán y Preciado (2014). En esta investigación se encuentra no sólo agrado, sino una diversión explícita, que también impli-ca la disminución de la prosocialidad (Funk et al., 2004). Puede apreciarse en casi la mitad de los entrevistados, la violencia como un componente que hace las cosas divertidas o entretenidas, que genera excitación e incluso se enunciaron características de agresores escudados en una actividad lúdica.

La mayoría de las manifestaciones de violencia eran comentadas en las entrevistas de manera casual o sin dar importancia a lo que se encontraba implicado en las historias o declaraciones. Quizá como una forma de adaptación para sobrevivir a las burlas o crítica o a la realidad violenta sin un entorno específico (aunque se refirieron más a la escuela, la casa y la colonia), cuestión que se encuentra en la teoría (Funk et al., 2004), es decir, la normalización, la trivialización o aceptación de la violencia. Todas estas manifestaciones de desensibilización a la violencia conforman parte de eso evidente en el discurso, marcado como algo “obvio”, “típico” a lo que te acostumbras, aquello enquistado en el entramado social, que se deja de atender, al grado de normalizarle.

Se puede advertir en el discurso del participante 1 “hay maestras que si dices ‘wey’ te mandan re- porte porque para ellas es una súper maldición, porque en sus tiempos según esto se decía como maldición, y obviamente para mí no me parece agresividad, porque ya estamos acostumbrados” lo que Krahé, et. al. (2011) advertían que después de una constante exposición a violencia mediática existía dificultad para reconocer léxico violento. Quizá podría también aplicar, restarle importancia al empleado para designar la violencia, como con el concepto de bullying, el cual termina con un etiquetamiento social distinto, hasta incluso quitarle peso al hecho mismo a pesar de los esfuerzos del gobierno y las escuelas. El acercamiento al discurso de cada uno de los participantes en esta fase ha permitido construir ítems y adecuar a la realidad el concepto de desensibilización a la violencia. Fregar o hacer carrilla[3] y el participante 5 deja entrever la desensibilización a la violencia al considerar diversión hacer sentir triste con lo que dice a otras personas.

También se encuentra una violencia normalizada para afrontar la adversidad, asociada a la valentía, al juego y la emoción (parte de la desensibilización). Hacerse el duro, acostumbrarse, atacar a los demás para no ser atacado o incluso ejercer violencia contra uno mismo como medio de camuflaje, defensa o protección. Un entorno que acepta la violencia y le normaliza, al grado que exige que todos los que se encuentran inmersos en el contexto desarrollen habilidades y comportamientos que les permitan soportar o afrontar su realidad, incluso aunque, eso adquirido sea lo que ellos mismos intentaban dejar  de padecer. Parte de esa realidad en la cual la violencia se ha enquistado, se replica y aunque va dañando el tejido social y que podría encontrarse en proceso de desensibilización a la violencia y por tanto, comenzar a ser desapercibida o incluso aceptada.

Referencias

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[1] Se exponen los discursos emblemáticos a fin de no sobrepasar la extensión máxima del artículo y se realizaron modificaciones mínimas al discurso (como palabras repetidas) para dar congruencia a la información presentada.

[2] Hacer que una persona se sienta con menor valor que las demás.

[3] Término designado para referirse a molestar a alguien con tinte lúdico que como convención social, no se toma como ofensa.