DOI: http://dx.doi.org/10.15332/s0120-8454.2018.0092.04

Artículo de investigación

Chipaque: un análisis sobre las condiciones de acceso a los espacios educativos en clave de lectura y escritura1

Tomás Guevara Aladino2

1 Artículo de investigación basado en la investigación realizada para el trabajo de grado del autor. DOI: http://dx.doi.org/10.15332/s0120-8454.2018.0092.04
2 Antropólogo de la Pontificia Universidad Javeriana. Dirección postal: calle 10 # 4-69. Correos electrónicos: tomasguevara1230@gmail.com, guevarat@javeriana.edu.co. Usuario Orcid: http://orcid.org/0000-0002-5579-1204

Recibido: 31 de julio de 2017 - Aprobado: 18 de octubre de 2017


Resumen

El interés principal de la investigación de la que es fruto este artículo son las prácticas no académicas de lectura y escritura. Se parte del supuesto de que estas prácticas solo pueden entenderse a la luz del contexto material y simbólico en el que se producen y este artículo es, precisamente, una profundización sobre las condiciones de acceso de la población a los espacios educativos en el municipio de Chipaque (Colombia), donde han tenido lugar algunas de estas prácticas no académicas de lectura y escritura. Aquí se propone una estructura narrativa que, al hilo de la experiencia del investigador en campo, da cuenta de la configuración de un problema de investigación pertinente en el contexto específico en el que se ubica. Esta narración pretende enfatizar en las condiciones materiales del municipio y sus espacios educativos, al tiempo que resalta la condición determinada de la investigación social a partir de las mismas condiciones. La metodología de la investigación articuló la observación participante en los espacios educativos, entrevistas semiestructuradas con quienes administran estos espacios y la revisión de documentos institucionales que iluminaron el papel de los espacios educativos en el municipio. Se verá que las condiciones de acceso a los espacios educativos y las prácticas de lectura y escritura que allí se desarrollan están sobredeterminadas por las dinámicas sociales del municipio y por las relaciones entre los ministerios encargados de los espacios educativos.

Palabras clave: prácticas de lectura, prácticas de escritura, condiciones materiales de la lectura y la escritura, acceso a espacios educativos.


Chipaque: An analysis of access conditions to the educational spaces from a literacy view

Abstract

The main interest of the research from which this paper results are non-academic practices of reading and writing. The starting point is that these practices can only be understood in the material and symbolic contexts in which they take place and this paper is, precisely, a deepening on people’s conditions to access educational spaces in Chipaque where some reading and writing practices occur. This paper proposes a narrative structure that shows, in light of the researcher’s experience in the field, the configuration of an investigation problem pertinent in the specificity of the context. This narrative tries to highlight the random nature of all social investigation, as well as emphasizing the material conditions of the municipality and its educational spaces. The investigation methodology articulates participant observation in the educational spaces, semi-structured interviews to people in charge of these spaces and the review of institutional documents that shed light upon the role of the educational spaces in the municipality. We will see that the access conditions to the educational spaces, and the reading and writing practices that take place there are determined by the social dynamics of the municipality and the relation between the ministries in charge of such spaces.

Key words: reading practices, writing practices, reading and writing material conditions, access to educational spaces.


Chipaque: une analyse des conditions d’accès aux espaces éducatifs au travers de la lecture et de l’écriture

Résumé

Cet article résulte d’une recherche concentrée sur les pratiques non-académiques de lecture et d’écriture. Ces pratiques ne peuvent être comprises que par rapport à leur contexte matériel et symbolique. On analyse en profondeur les conditions d’accès aux espaces éducatifs de Chipaque (Colombie), là où des pratiques non académiques de lecture et d’écriture ont lieu. Au fil de l’observation du terrain, on propose un fil narratif tentant de rendre compte des conditions matérielles du village et, en même temps, du caractère spécifique de la recherche sociale correspondant à ces conditions. En termes méthodologiques, on a conjugué l’observation participante dans les espaces éducatifs, des entretiens semi-structurées et la lecture de documents institutionnels. On se propose de montrer, au fond, à quel point les pratiques de lecture et d’écriture sont déterminées par les dynamiques sociales du village ainsi que par le rapport entre les ministères chargés des espaces éducatifs.

Mots clés : pratiques de lecture, pratiques d’écriture, conditions matérielles de lecture et d’écriture, accès aux espaces éducatifs.


Introducción

Las prácticas de lectura y escritura son el centro de interés de los resultados expuestos en este artículo. La tesis fundamental es que estas prácticas deben ser entendidas en su contexto. Enfatizando en la contextualización radical de las prácticas de lectura y escritura llevadas a cabo en los espacios educativos del municipio de Chipaque (Cundinamarca), este artículo se propone recuperar y reconstruir el contexto material y simbólico en el que se enmarcan. Es crucial tener en mente que el centro son los aspectos materiales que sobredeterminan las prácticas, si bien los discursos y representaciones sobre estas siempre están presentes, hacen inteligible la problemática a la que nos aproximamos y la conectan con ámbitos más amplios de la reflexión académica.

Dado el tema de la investigación, no es sorpresa que las fuentes de las que bebe este trabajo se encuentren en los límites de la antropología con otras disciplinas, aunque nunca de un modo claro. En términos estrictamente disciplinares, el tema con el que nos enfrentamos ha sido objeto de reflexión o bien de la antropología de la educación o como parte del debate entre oralidad y escritura. Sin duda, algunas figuras fundacionales de la disciplina, como Louise y George Spindler (2012) o incluso Margaret Mead, se interesaron en la educación, y actualmente hay una intensa reflexión sobre temas como la transmisión cultural del conocimiento, la escolaridad, minorías éticas, el impacto del modelo económico en la educación, entre otros (Anderson-Levitt, 2012; Gomes y Gomes, 2012; Miñana y Arango, 2011; Rockwell y González, 2012).

Por otro lado, inaugurando el fecundo debate entre oralidad y escritura, Jack Goody (2000) y Walter Ong (2006) fueron los dos autores que en primera medida y de manera más enfática llevaron a cabo investigaciones y construyeron teorías acerca de las fundamentales diferencias sociales que se jugaban en el paso de la oralidad a la escritura, del mito a la historia, de la opinión a la verdad, de la aceptación ciega de la tradición a su cuestionamiento crítico. Se reconocerá el impacto de tal modelo de la alfabetización en los supuestos de las campañas internacionales y en los discursos sobre la educación, el desarrollo y los derechos humanos actuales (Unesco, 2005).

Este artículo se encuentra enmarcado en las respuestas que Bartlett, López, Vasudevan y Warriner (2011), Street (2003) y Street y Roberts (2013) dieron a los postulados del modelo de alfabetización desarrollado por Goody y Ong. La crítica denominó a la propuesta de estos autores modelo autónomo de la alfabetización, pues veía en la escritura una tecnología del intelecto con resultados objetivos y universales. En respuesta propusieron un modelo ideológico, que entiende la alfabetización como un proceso determinado por el marco histórico en el que se encuentra inscrito. En ese sentido, la lectura y la escritura deben ser comprendidas dentro del marco social y cultural concreto en el que se producen y no como prácticas que lleven inevitablemente a tal o cual modelo de sociedad y conocimiento.

Bajo esta postura teórica, la investigación llevada a cabo partió de los espacios educativos como determinantes del contexto material sobre las prácticas de lectura y escritura en un contexto sociohistórico particular. Entonces, ¿qué son estos espacios educativos? Uno de los principales intereses de la investigación era dar con prácticas de lectura y escritura no académicas, esto es, que no se tratara de prácticas llevadas a cabo ante la amenaza de las calificaciones. En este sentido, recurrí a la biblioteca y al Punto Vive Digital3 del municipio de Chipaque, bajo la hipótesis de que las personas que llevan a cabo prácticas de lectura y escritura fuera de las instituciones de educación formal recurrirían a este tipo de espacios para aprovechar los medios que estos ofrecen. Con “espacios educativos” se pretende dar cuenta de procesos amplios que no están restringidos a los claustros o a la educación formal; se busca incluir lo que comúnmente se llama “educación informal” teniendo en cuenta que tales procesos se llevan a cabo en escenarios que, en todo caso, no se restringen a la educación formal.

Frente a la tendencia de contar las dotaciones de las bibliotecas, muy común en algunos estudios de bibliotecología (p. ej. Álvarez, Giraldo, Rodríguez y Gómez, 2008; Mihal, 2009), encuentro de suma importancia recuperar la posición de los estudios sobre alfabetizaciones que plantean, a través de metodologías cualitativas, la educación, la alfabetización, la lectura y la escritura dentro de su encuadre cultural, esto es, a partir de los significados que se construyen localmente (Collins, 1995, pp. 78 y ss.; Kalman, 2003). La narración que viene a continuación se guía por este interés y para ello muestra el proceso de construcción del problema desde la experiencia del investigador.

Materialidades y accesos

Los significados y las materialidades se encuentran en constante tensión, y la pregunta por la primacía de alguno de estos dos aspectos pierde importancia en la medida en que se comprende que en su relación se ubica el objeto de la consideración presente. Concretamente, hablo de “materialidades” para referirme a los varios aspectos materiales que juegan un papel determinante dentro de la administración y el decurso diario de los espacios educativos y las prácticas que en ellos ocurren. Entran bajo este concepto descriptivo los espacios mismos, su infraestructura, su mantenimiento, el estado y orden de las colecciones y equipos, la estabilidad laboral de los funcionarios que atienden los espacios, los horarios de atención, las relaciones que se han construido con las instituciones de educación formal, los materiales que se leen y aquellos con los que se escribe, la facilidad de acceder a ellos por parte de los habitantes del municipio, el estado de las vías de acceso, la situación laboral de la población, etc. Se trata, claramente, de un concepto amplio que pretende señalar

la importancia de prestar atención a la materialidad de la vida humana dentro de la materialidad del mundo puesto que nos ayuda a entender a los seres humanos como necesariamente dependientes y relacionales, cuya existencia coevoluciona, como una sola, con el ambiente natural. (Ferraro y Reid, 2013, p. 128)

Dado que el acceso a los espacios es parte constitutiva de estas materialidades, es importante tener en cuenta cómo se llega al municipio en labor investigativa.

¿Cómo se llega a Chipaque a investigar?

La primera vez que fui a Chipaque, en octubre de 2015, me encontraba en la etapa final de mi práctica profesional en el Instituto Caro y Cuervo. Por la salida hacia el sur de Bogotá, en la localidad de Usme, se atraviesa un túnel y se inicia el descenso desde el altiplano de Cundinamarca hacia los llanos Orientales. Chipaque es el primer pueblo en la vía Bogotá-Villavicencio, a lado y lado de la cual se ven gran cantidad de pequeñas tiendas y restaurantes, en fincas en las que, además, se cultivan papas, yerbas aromáticas y cebollas. La agricultura y la ganadería son las principales actividades económicas de la región. Según el documento del Esquema de Ordenamiento Territorial (EOT, Municipio de Chipaque, s. f., p. 20), en estas actividades se usa el 99 % del suelo del municipio.

En las visitas que realicé a lo largo de año y medio al municipio tuve la posibilidad de hablar con algunos de los encargados de la producción agrícola. Estos campesinos señalaban los bajos precios a los que terminaban vendiendo sus productos en las distribuidoras de la capital del país. En algunos casos, contaban, era preferible no vender los productos y devolverlos triturados al suelo, en forma de abono. Las relaciones con Bogotá son determinantes no solo para la demanda de producción agrícola, sino también en cuanto a la migración de mano de obra. Muchos chipaquenses han vivido en la ciudad empleándose en diversos cargos. Todos reconocen los beneficios de vivir en Bogotá, pero los bajos salarios y el mayor costo de la vida, así como la cercanía y la relativa seguridad del campo que conocían, terminó por convencerlos de que era mejor regresar al municipio.

El casco urbano de Chipaque, que corresponde al 0.15 % de su área territorial según el EOT (Municipio de Chipaque, s. f., p. 21), es una pequeña urbanización en la que las construcciones no superan los cuatro pisos de altura. Sobre la situación educativa del municipio, el EOT señala:

Actualmente la educación se encuentra limitada, no tanto por el número de escuelas existentes, sino por lo relacionado con el nivel educacional y la capacidad de los establecimientos, la mayoría de los cuales funcionan con los cinco primeros años de enseñanza básica y escaso material didáctico y docente. […] En cuanto a la educación secundaria, con un único establecimiento definido para la educación media a escala municipal, el Colegio Departamental Integrado Pío X, no alcanza a cubrir toda la población que debería beneficiarse de este servicio. Hay un alto nivel de deserción. (p. 35)

Según datos de 2010 disponibles en la página web del municipio, Chipaque tiene alrededor de 10 000 habitantes entre quienes viven en las veredas y en el casco urbano. En las conversaciones que mantuve con algunas de estas personas confirmé que, efectivamente, uno de los comentarios más frecuentes es que los jóvenes son perezosos y no quieren ir a trabajar ni a estudiar, sino que prefieren gastar su tiempo en los billares. Esto, con las representaciones que nos encontramos en el EOT (Municipio de Chipaque, s. f., 27), es elevado a discurso institucional como base de políticas públicas. Se trata de una representación unilateral centrada en ciertos aspectos negativos, que no debería tenerse como base para las políticas de intervención, y el trabajo investigativo acá adelantado se propuso la visibilización de dinámicas de lectura y escritura, en un intento de multiplicar representaciones que señalen aspectos más positivos.

“La cultura siempre es la cenicienta, nunca hay plata para ella. Lo mismo pasa con la educación”, dijo Martín Bombo4, uno de los habitantes del municipio. Él y muchos otros señalaban que la principal causa de que estos aspectos fueran dejados de lado era que no convenían para obtener votos. “La cultura apenas la estamos empezando a cultivar porque no da votos”. Los múltiples aspectos señalados configuran unas dinámicas concretas que impactan sobre las prácticas de lectura y escritura y perfilaron, también, mi propia práctica investigativa.

¿Cómo se llega a la Biblioteca y al Punto Vive Digital de Chipaque?

Al iniciar la investigación me enteré de que la biblioteca, para mediados de febrero de 2016, se encontraba sin contrato y la administración local estaba en un periodo de reajuste tras las elecciones de octubre del año anterior. Este es uno de los puntos en los que se ve claro cómo la investigación se nutre de las dinámicas locales. Lo que puede verse como un obstáculo para el proceso fue en realidad la primera pista de unas dinámicas administrativas que no solo fueron determinantes para la investigación, sino que aún lo son hoy para la lectura y la escritura en el municipio.

Cuando el contrato fue finalmente asignado, supe que la biblioteca no contaba con un espacio propio y que se le había destinado un salón del colegio Pío X para su funcionamiento, mientras se encontraba un espacio adecuado. Allí se encontraba en unas dinámicas ambiguas con la educación formal. La profesora Emilce Serrano, encargada del plan lector, intentó aclararme la situación de la lectura y la escritura en el municipio: “Aunque en el colegio hay algunos libros y un salón que sirve como la biblioteca del colegio, nadie se dedica exclusivamente a atenderla”. También comentó que la situación actual de la biblioteca del municipio debía ser provisional, dado que “para que el Ministerio de Cultura dote a las bibliotecas municipales es necesario que estas se encuentren en lugares adecuados e independientes de otras instituciones. Y sobre todo de aquellas dependientes de otros ministerios, como el colegio”.

“Bueno, los estudiantes sí van a la biblioteca, pero van poco y van obligados. Por ejemplo, en mis clases o en horas de la tarde para hacer las tareas”, continuó Emilce. “La antigua bibliotecaria vivía rogando a los profesores que le llevaran los niños a la biblioteca porque ella también tenía que presentar informes al Ministerio de Cultura”. Si las actividades que se llevan a cabo en la biblioteca no están impactando a la cantidad de personas que deberían impactar, el Ministerio de Cultura le retira su apoyo.

Emilce ha hecho parte de las capacitaciones que el Ministerio de Cultura ofrece a los bibliotecarios de cada municipio. Contó que les habían prometido computadores y libros que hasta el momento no habían llegado. “Uno de los más grandes problemas es la falta de articulación transversal de políticas públicas, que no cambien con el cambio de administración para que no se empiece de cero cada cuatro años”.

Cuando tuve la oportunidad de ir al Colegio a hablar con la bibliotecaria, los estudiantes se encontraban en hora de descanso. Todos los niños y jóvenes corrían por los patios. No encontré a nadie que conociera y me pudiera dar indicaciones de dónde se encontraba la biblioteca hasta que un par de niños de unos diez años me dijeron que ellos también se dirigían hacia allá y que me llevarían. Me extrañó que dos pequeños niños fueran a invertir sus horas de descanso en la biblioteca, y cuando llegamos, efectivamente, escogieron un par de libros de cuentos para leerlos.

Al llegar la bibliotecaria, Mileidy, me saludó rodeada de cajas repletas de libros y me contó que nunca antes había tenido un cargo similar, pero que sí tenía experiencia trabajando con niños. Estaba un poco abrumada por la novedad de las funciones recién adquiridas y contestaba gran parte de las preguntas diciendo: “Apenas estoy conociendo el puesto, entonces no sé”. En lo que aseguró que había sido una semana frenética, había estado recibiendo inventarios, organizando el lugar y haciendo contactos con los profesores para realizar actividades en la biblioteca. Me dijo que por lo general son los niños y los ancianos los que la usan y que muy de vez en cuando asiste algún joven. “De todas maneras los niños que vienen en horas de la tarde lo hacen porque quieren y porque deben hacer tareas. Fuera del horario del colegio no se puede obligar a los niños a que vengan”.

Unos días después de este encuentro, en el que prácticamente solo nos presentamos, volví a mostrarle el proyecto a Mileidy. Un profesor me bloqueó la entrada al edificio y me aseguró que la biblioteca había sido trasladada aunque no supo darme noticias de adónde. El mismo desconcierto o respuestas desacertadas me ofrecieron las diferentes personas a las que les pregunté, tanto dentro como fuera del colegio, sobre el paradero de la biblioteca. Había desaparecido sin dejar rastro y Mileidy no atendía las llamadas. Finalmente, la dueña de una tienda del pueblo que había visto el trasteo de cajas llenas de libros me supo decir adónde la habían llevado, pero la encontré cerrada.

Entonces conocí a Aleida, la encargada del Punto Vive Digital del municipio. En principio no parecía muy dispuesta a dar información a un extraño sin el consentimiento de su jefe. En todo caso, me permitió dar una vuelta por el lugar. Ya diferentes habitantes del municipio me habían hablado de este, y el efecto del acceso a internet sobre la juventud de Chipaque es objeto de muchísimos comentarios negativos. Es común la opinión de que internet ha inculcado la pereza entre los jóvenes y estudiantes y ha facilitado las cosas al punto de que ya ni siquiera vale la pena el esfuerzo de hacerlas. Pero para mí se trata de pensar el tipo de conocimiento que circula en estos medios y no descalificarlo de entrada.

¿Cómo son los espacios educativos?

El EOT, claramente desactualizado con respecto a estos equipamientos culturales, señala la existencia de un centro de cómputo que contaría con cinco equipos completos con Windows 95. Los particulares no tendrían un acceso libre a estos equipos que, además, no contarían con conexión a internet. Las actividades del centro de cómputo están cuidadosamente descritas con una distribución horaria semanal.

En contraste, el moderno Punto Vive Digital cuenta con más de veinte computadores todos con acceso a internet. Una de las primeras veces en las que pude hacer observaciones en el municipio llegué muy temprano y Aleida todavía se encontraba arreglando el lugar: barría y trapeaba el piso. No fueron raras las ocasiones en que, por llegar muy temprano a la biblioteca o al Punto Vive Digital, me encontré a Aleida o a Mileidy haciendo oficio antes de empezar las jornadas. Esto no limitaba, de ninguna manera, la presencia de personas prestas a usar los espacios y los equipos.

Un día a las 9 a. m. ya se encontraban dos personas en el punto, un niño y un anciano. El niño estaba usando una de las consolas de videojuegos y el anciano lo miraba jugar desde una banca. Estaban emparentados, posiblemente se trataba de nieto y abuelo. Después de un tiempo el anciano le pidió a Aleida que le prendiera uno de los computadores para jugar una partida de ajedrez y le preguntó al niño si quería jugar con él. El niño, sin mover la mirada de la pantalla del televisor, sacudió la cabeza para indicar que no estaba interesado.

Es necesario pensar en el impacto de las tecnologías sobre las relaciones sociales en este contexto. Y eso no se reduce a la manera en que el nieto y el abuelo se hablan o se dejan de hablar un momento para usar aparatos electrónicos. También se tiene que pensar la manera en que diferentes personas de diferentes edades se relacionan con las tecnologías. Contra posiciones simplistas, la multimodalidad (Bartlett et. al., 2011) como concepto descriptivo intenta captar qué es lo que realmente se hace en línea, a qué tipo de contenido se accede y con qué fin. El anciano, sentado viendo a su nieto jugar, puede dar la impresión de que se enfrenta en sus relaciones familiares con un mundo digital ajeno a él. Otra impresión muy distinta nos queda del mismo anciano cuando lo vemos sentarse frente a un computador a disfrutar de un juego electrónico.

El Punto Vive Digital de Chipaque es una casa de tres habitaciones separadas por paredes con vanos grandes que las conectan, sin puertas. En la primera habitación, por donde uno entra, se ha dispuesto a la izquierda un pequeño cubículo de recepción en el que Aleida cuenta con un computador, una impresora y una caja registradora. A la derecha de la entrada se encuentran los baños públicos y al frente hay dos televisores pantalla plana a los que están conectadas las consolas de videojuegos Xbox. A la izquierda de estos equipos se sitúa un cuarto en el que están todas las conexiones necesarias para que los equipos del lugar funcionen y tengan acceso a internet. A la derecha del módulo de recepción se encuentra la entrada a la otra habitación. Allí se han dispuesto dos largas mesas en las que se ubican ocho computadores por mesa y frente a ellas, un tablero en el que se escriben las indicaciones generales de las lecciones que eventualmente tienen lugar allí. Al lado del tablero se encuentra la entrada a la última habitación del punto, que incluye un escritorio, un computador conectado a un video beam y unos veinte pupitres. El tablero de aquella sala cuenta con una pantalla de proyección enrollable.

Las paredes del punto están cubiertas de diferentes carteles que el Mintic ha repartido en estos espacios por todo el país, según cuenta Aleida. Uno de los carteles dice: “Menos pobreza, más trabajo, más oportunidades”. Hay carteles de Windows promoviendo los cursos en línea de programación de software. Hay carteles que el Ministerio ha puesto en asociación con empresas como Duolingo, que ofrece cursos de idiomas gratuitos en línea. Hay carteles que señalan los servicios que se pueden encontrar en ese punto en particular: acceso a internet, capacitaciones, videojuegos, consultas rápidas.

Frente a esta moderna y bien mantenida planta física del punto, ¿cuál es el estado de la biblioteca municipal, que parecía andar de un lado a otro sin destino fijo? El EOT también está muy lejos del estado actual de las cosas al decir que la biblioteca funciona solo medio día en la jornada de la tarde, con una capacidad de hasta setenta personas. Entre los temas que más se consultarían, según el documento, se encuentran asuntos de sistemas, contabilidad y de los diferentes cursos técnicos que se estén dictando en el municipio. El documento liga, de esta manera, las funciones de la biblioteca indisociablemente a la formación técnica o académica. Es claro que se refiere a un espacio muy anterior a la ubicación de la biblioteca en los salones del colegio, que difícilmente tendrían capacidad para quince personas. La biblioteca, por lo demás, fue trasladada, el día en el que no pude encontrarla, a unos cuartos de la Casa del Adulto Mayor, donde estuvo durante el resto de la investigación.

La pasada administración invirtió una considerable suma en la construcción de una edificación que estaba destinada a ser el centro cultural municipal. La Casa del Adulto Mayor de Chipaque nace como un intento administrativo de mejorar la calidad de vida de los ancianos que habitan el municipio. Se trata de una edificación de dos pisos con múltiples salas y cuartos, mucha iluminación y espacios abiertos. Las primeras veces que vi el lugar me pareció excesivamente grande y tuve dificultad para imaginar la cantidad de actividades que se requerirían para usar todo el espacio construido. En efecto, la mayor parte del edificio continúa vacía hasta la fecha y solo se llena los viernes, día en el que la administración local organiza actividades para los ancianos: cursos de dibujo, bordado y manualidades en el lugar, y alfabetización digital en el Punto Vive Digital.

“Al fin nos acomodaron en este lugar y esperemos que sea para largo rato”, dijo Mileidy una vez me pude encontrar con ella; aunque advirtió: “Se trata de todas maneras de un lugar provisional porque acá no nos podemos quedar. Como es la Casa del Adulto Mayor, no se trata de un lugar autónomo para la biblioteca”. Ya la profesora Emilce nos había informado del lío en el que se encuentran las bibliotecas ubicadas en espacios pertenecientes a otras dependencias locales y nacionales: de encontrarse en un lugar que dependa de otro ministerio, las cierran.

El cambio de lugar trajo muchos beneficios para la biblioteca. Ya no se trataba de un pequeño salón de clases mal adaptado a sus necesidades, sino que se contaba con tres amplios salones que Mileidy había decidido dividir de la siguiente manera: colección general, cuarto digital y colección infantil. La entrada principal de la casa daba a un corredor desde el cual se accedía a los diferentes salones destinados a la biblioteca. El primer salón era amplio y contaba con dos ventanales grandes que iluminaban los estantes, que rodeaban todo el salón, y las mesas, de un tamaño corriente. Este espacio, en el que también se encontraba el escritorio de Mileidy con un computador y una impresora, era el salón principal de la biblioteca, destinado al público en general. El salón de enfrente estaba dotado de una pantalla grande, un pequeño equipo de amplificación del sonido, unos quince computadores portátiles y un número igual de guitarras acústicas. Al lado del salón principal pero un poco más abajo del corredor, había un cuarto reservado a los niños del municipio, con mesas un poco más pequeñas y estantes más bajos. Encima de estos y sobre las paredes, Mileidy dispuso los cuentos infantiles con las carátulas más llamativas.

¿Cómo acceden los habitantes de Chipaque a estos espacios?

Los horarios de atención de ambos espacios, muy similares, son uno de los grandes problemas para el acceso del público. El Punto Vive Digital está abierto de lunes a viernes desde las 8 a. m. hasta las 5 p. m. con dos horas de almuerzo, entre las 12 y las 2 p. m. La biblioteca abre en los mismos horarios, aunque se suma la jornada matutina de los sábados. La jornada única, de la que están muy orgullosos en el Colegio Pío X por haber sido el primero de la región en implementarla, termina a las 4 p. m. para quienes se encuentran en secundaria y al mediodía para los de primaria. La mayoría de las personas que trabajan en el casco urbano del municipio cuentan con empleos de tiempo completo y ni hablar de quienes trabajan en el campo, en otros municipios cercanos o en Bogotá.

Entonces, ¿cómo acceden los habitantes del municipio a estos espacios? Ya se ha visto que los principales usuarios pertenecen a la población escolar. Los funcionarios encargados de la biblioteca y del Punto Vive Digital tienen un gran interés en que los niños del colegio accedan a sus servicios, pues tienen que entregar informes mensuales de las actividades que realizan y para ello se requiere de una población que los use con regularidad. Tanto la bibliotecaria como la encargada del punto buscan convenios con algunos de los profesores del colegio para que lleven a los niños a los espacios o les permitan ir a ellos a promover su uso. De aquí se deriva, en gran medida, el carácter educativo (en sentido formal) de dichos espacios.

Aun cuando muchos de los hogares que llegué a conocer en Chipaque cuentan con algunos libros, como novelas de gran difusión nacional —María, Cien años de soledad e incluso La vorágine— y la Biblia, los textos de consulta, como las enciclopedias y diccionarios, son menos frecuentes. La población estudiantil en todos los niveles se ve, de esta manera, beneficiada por los servicios públicos de la biblioteca y el Punto Vive Digital. Los estudiantes del colegio y sobre todo los de menor edad llenan los espacios en horas de la tarde.

Johan es uno de los niños más pequeños con los que pude hablar sobre el colegio, la lectura y la escritura. Tiene siete años y en este momento casi todas las tareas que le dejan sus profesores están encaminadas a que adquiera mayor fluidez al leer y al escribir. Aunque no es el centro de esta investigación, los métodos de enseñanza de la lectura en el municipio están amarrados al sistema silábico: sonido de las letras, sílabas y, posteriormente, palabras. Johan es un niño alegre y mientras me contaba lo que hacía en la biblioteca y el Punto Vive Digital confundía constantemente ambos espacios y se emocionaba al recordar la manera en que jugaba con las consolas de videojuegos en el punto. El valor que el niño le encuentra a los espacios educativos está muy relacionado con las actividades lúdicas y de socialización que lleva a cabo, como se hace evidente cuando señala que lo que más le gusta hacer en la biblioteca es jugar.

En comparación, también pude hablar con Yeidy, una joven de catorce años que cursa octavo. Dice asistir habitualmente a la biblioteca, pero este año le ha sido muy complicado ir con regularidad por la creciente exigencia del colegio. A diferencia de Johan, dice que las principales actividades que lleva a cabo allá son hacer tareas y pedir libros prestados. Señala que no ha vuelto con tanta regularidad porque en su casa ahora cuenta con conexión a internet (una de las principales motivaciones para ir a aquellos espacios es que tienen conexión a internet y, por ello, podía hacer las tareas más rápido y también consultar las redes sociales). Si bien afirma que la mayoría de los visitantes de la biblioteca y el punto van casi exclusivamente a hacer uso de internet, también dice tener amigas y conocidos que van a sacar libros y porque les gusta estar allá, aunque no reprime un gesto de extrañamiento al decirlo.

El punto y la biblioteca, aunque esta última solo en la etapa final de la investigación, cuentan con computadores así como con acceso a internet. A ambos espacios se asiste con el fin de consultar y consumir contenido en línea; ambos implican, en todo caso, procesos de “digestión”, de reelaboración. La diferencia está más en que el Punto Vive Digital es un espacio principalmente consagrado a esta función y, por lo tanto, su infraestructura está pensada para este tipo de actividades. La hora de consulta de internet se cobra a quinientos pesos y la impresión cuesta cien la página. En la biblioteca, por el contrario está totalmente prohibido cobrar por cualquiera de los servicios brindado al público en general, pero también todo es un poco más lento y desorganizado.

A esto hay que sumar otro sector de la población: las personas de la tercera edad y sobre todo los que viven en el ancianato del pueblo, que conocen y acceden con frecuencia a los espacios educativos, dado que, como política pública, la administración local ha organizado jornadas de recreación y alfabetización del adulto mayor sin costo alguno.

Es muy importante tener en cuenta, como nos lo recuerda el EOT, que la parte urbana del municipio representa menos de un punto porcentual del territorio de este. La densidad de población es, pues, mucho mayor en el casco urbano que en el área rural, pero aun así esta última es el hogar de más de la mitad de las personas del municipio. Estamos hablando de un municipio, como ya hemos señalado, agrícola y ganadero; las actividades económicas que lo sostienen están relacionadas con el campo. ¿Cómo es que tan importante componente de su cotidianidad está siendo integrado a los espacios educativos?, ¿se han centrado estos en la atención a la población urbana y han descuidado a la mayoría rural, en un triste reflejo de la realidad nacional?

Lo más importante en este punto es señalar la posibilidad de acceso a los espacios y a los materiales que se encuentran dentro de estos. La actual administración local ha dispuesto un bus encargado de traer a los estudiantes de las escuelas rurales a dichos espacios educativos, siempre y cuando los profesores de las escuelas se encarguen de las actividades que los niños realizarán.

Más arriba he señalado los horarios de atención de la biblioteca y el Punto Vive Digital. Si las condiciones de acceso son difíciles para los adultos dentro del casco urbano, la situación solo parece empeorar para los adultos en el campo. Hay, sin embargo una excepción al respecto. Los miércoles son los días de mercado en el municipio y, como tales, la mayoría de la población urbana y rural se reúne en la plaza de mercado para comerciar desde las primeras horas de la mañana hasta un poco más allá del mediodía. El resto del tiempo, y en los descansos que les permite la jornada, los habitantes de la zona rural del municipio lo aprovechan en diferentes actividades. No es raro que los miércoles sean días mucho más activos que los domingos e incluso los sábados. Entonces quienes llegan del campo se dedican a comprar las provisiones necesarias para toda la semana, visitan a sus familiares, van a misa, van al bar, realizan alguna consulta en la alcaldía local o incluso en el Punto Vive Digital, con la ayuda de Aleida, o regresan el libro o la revista que han sacado antes de la biblioteca y sacan algún otro material.

Es necesario aclarar esto, y también señalar que hay altos niveles de analfabetismo en el campo, sobre todo entre las personas de mayor edad. No se trata de que todos los campesinos aprovechen los miércoles para solicitar o regresar el material que sacaron de la biblioteca, hay quienes no sacan nada y solo pasan a mirar lo que ha llegado de nuevo o algo que les llame la atención. Otros, la mayoría, no saben dónde queda la biblioteca. Lo que pretendo señalar es, en primera medida, que el municipio tiene sus dinámicas propias y los horarios de atención de los espacios educativos, que desde fuera parecen negar toda posibilidad de acceso a determinadas personas, terminan por ajustarse a las posibilidades de los chipaquences, como se sugiere en el párrafo anterior. Por otro lado, también quiero señalar que sin importar lo reducido del número de personas del campo que accedan a estos espacios, hay quienes sí los usan. Y son casos que siempre se pueden fortalecer y aumentar.

En las breves descripciones llevadas a cabo más arriba existen dos grandes ausencias si hablamos en términos de sectores poblacionales. He señalado que los niños y los ancianos son las dos poblaciones que asisten de manera más sostenida y numerosa a los espacios educativos. Los jóvenes y adultos son los grandes ausentes. ¿Cómo acceden estas personas a los espacios educativos?

La participación de jóvenes y adultos en los espacios educativos es mucho menor que la de los niños y ancianos. Ya he señalado que esta situación se debe en gran parte al lugar que ocupan estas personas en los sectores económicos o a nivel educativo en el municipio: los restringidos horarios de la biblioteca y el Punto Vive Digital ocasionan que su presencia sea mucho menor que la de los demás. Esto no implica, en todo caso, que su participación en dichos espacios sea nula, y mucho menos que los jóvenes o los adultos no lean en absoluto. Dado que tal participación responde más a intereses particulares que a planes organizados en términos institucionales, es necesario preguntarse qué ocurre en estos espacios para que haya intereses individuales, más allá de las exigencias académicas, de asistir a ellos.

¿Qué ocurre en los espacios educativos?

Ya he dicho arriba que gran parte de las actividades que se llevan a cabo en la biblioteca tienen que ver con las dinámicas que se desarrollan en el colegio. De esta manera, los niños de primaria que tienen las horas de la tarde libres esperan desde un poco antes de las dos a que la bibliotecaria llegue de su hora de almuerzo para hacer sus tareas allí. Muchos de los niños llegan solos, pero sus padres ya han hablado con la bibliotecaria para que los ayude en sus deberes. De otro modo, piensan, sus hijos no los harían sino hasta las horas de la noche, cuando los padres llegan de sus trabajos.

Por lo general los niños que esperan desde tan temprano son pequeños y la bibliotecaria ya les ha indicado cuál es el cuarto destinado a sus actividades: precisamente el cuarto con las mesas pequeñas y las paredes cubiertas con carátulas de cuentos. La bibliotecaria organiza a los niños en las mesas según el tema de las tareas que vayan a realizar para evitar que la variedad de temas los distraiga, aunque por lo general los niños que van a hacer las mismas tareas son compañeros de salón en el colegio, son amigos y las conversaciones ruidosas son inevitables.

Una tarde en la que me encontraba haciendo mis observaciones, me ubiqué en una de las pequeñas mesas del cuarto infantil de la biblioteca, con una novela y mi diario de campo. Algunas niñas sentadas en una mesa cercana tenían que hacer una tarea de historia: averiguar ciertos datos biográficos de algunos personajes importantes de la Independencia de Colombia. Una de las niñas, sin embargo, ya llevaba, en una hoja impresa que había traído desde su casa, todos los datos que necesitaba para hacer la tarea. Muchas de las niñas no iban a la biblioteca para consultar el material disponible, sino para continuar compartiendo tiempo con sus amigas mientras los padres seguían en su jornada laboral tranquilamente, pues sabían dónde se encontraban sus hijas y qué estaban haciendo.

Las niñas que estaban haciendo su tarea de historia no paraban de cuchichear entre ellas y miraban de reojo uno de los estantes con algunos libros. Parecía que se retaban a tomarlos. Una de ellas aprovechó una momentánea ausencia de la bibliotecaria para acercarse al estante y llevar a la mesa dos libros; la mitad de sus amigas la esperaban ansiosamente y la otra mitad estaba pendiente de la puerta para que la bibliotecaria no las descubriera. Una de las niñas también me miró a mí, como para corroborar que yo no fuera una figura de autoridad o las fuera a delatar. Verme con mis propios libros y cuadernos la tranquilizó. Los títulos que las niñas habían tomado eran Cosas de chicas y Amor a la colombiana.

Muchas de las dinámicas de la biblioteca parecen señalar que se la representa como un apéndice del colegio, pues hacer tareas e investigaciones para este son las principales actividades que allí tienen lugar. Las niñas van a estos espacios y les apena pedir material que no sea con el propósito exclusivo de hacer sus deberes. Hay jóvenes que se limitan a consultar para sus tareas puesto que entre las exigencias del colegio y las actividades extracurriculares no hay tiempo para otras lecturas. De la misma manera, la bibliotecaria reclama a los niños que deben hacer tareas y los padres los envían allí hasta los sábados por la mañana, como si se tratara de una guardería de niños de primaria. En todo caso, las actividades que allí se desarrollan desbordan el molde que se le quiere imponer y la biblioteca, al mismo tiempo, parece ser un espacio en el que se puede encontrar material de difícil acceso o que los niños no se sentirían cómodos consultando en casa.

Frente a la aplanadora representación de que todos los niños de Chipaque son perezosos fue una agradable sorpresa descubrir que algunos jóvenes van a sacar libros de diferente índole. Hay a quien le maravillan los libros de los récords mundiales, hay a quien le fascinan las novelas de misterio e incluso la psicología. Por ejemplo, Daniel dijo: “A mí me gustaría estudiar astronomía y psicología” y agregó que iba con regularidad a la biblioteca para investigar al respecto, pero que había tenido que suspender sus visitas hacía rato porque debía ayudar a su papá en el trabajo y los horarios de la biblioteca no le servían.

Las actividades de apoyo a la educación formal no están ausentes, de ninguna manera, en el Punto Vive Digital. Aleida tuvo la amabilidad de informarme las actividades que tiene agendadas cada día. Los lunes por las mañanas van los niños del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), los martes van los niños del jardín Caritas Felices, los miércoles nuevamente van los chicos del ICBF, los jueves recibe a dos cursos del colegio, para cumplir un compromiso que tiene desde principio de año con los profesores de español e inglés, y los viernes se hace la alfabetización digital para los abuelos del municipio. Me advirtió, en todo caso, que estas actividades pueden variar y alguna puede ocasionalmente suspenderse u otros profesores deciden hacer sus clases en el Punto. Solo es cuestión de que le consulten a ella la disponibilidad de equipos por medio de un mensaje de WhatsApp.

Una mañana pude ver las actividades que los niños del jardín llevan a cabo. La profesora les pone videos llenos de colores y animales en YouTube, a cada niño en un computador. Los niños teclean frente a los computadores y señalan la pantalla que reproduce contenido solo para ellos. Es muy importante indagar por las consecuencias de tan tempranas posibilidades de individualizar el contenido inmenso de la red. Algo de prejuicio pude reconocer en la actitud que tomé frente a lo que estaba viendo, e incluso lamenté la digitalización del contacto con la naturaleza en un municipio tan marcadamente rural. Antes de continuar con semejantes reflexiones, la profesora del jardín dijo a los niños que ya era suficiente y que era hora de bailar. Con mucho entusiasmo, se pararon de las sillas y escogieron pareja para bailar, correr, gritar. Las actividades también incluyeron jugar con plastilina, dibujar, en fin, lo que por lo general se hace en los jardines, solo que en el punto se presentó en horas de la mañana.

Todas estas actividades ocurren por las mañanas, dado que Aleida procura dejar el espacio libre para la tarde, cuando los niños y jóvenes del municipio ya no están ocupados y van a realizar consultas al punto, a buscar música en YouTube, a interactuar en diferentes redes sociales, a jugar en las consolas de videojuegos, etc. Es también frecuente encontrar adultos en horas de la tarde allí. Acceder a internet en el punto es mucho más tranquilo y rápido que en la biblioteca, dado que el precio que se debe pagar reduce el número de usuarios. Hay quienes trabajan a través de internet en el municipio y usan el punto como un espacio fundamental en sus actividades diarias.

Entre los meses de marzo y abril todas las mañanas del punto estuvieron ocupadas por el colegio. Se estaban realizando unas pruebas. La profesora encargada de los niños me explicó que el MEN tiene la meta de que para 2025 Colombia sea el país mejor educado de la región. Las pruebas hacen parte de un programa que se llama “Todos a Aprender” y consisten en ochenta preguntas de las áreas de lenguaje y matemáticas que pretenden mejorar los resultados en las pruebas Saber 11. La profesora me explicó que las pruebas antes se realizaban con papel y lápiz, pero que ahora la tecnología permitía hacerlo en línea, “además las animaciones y colores permiten que los niños se concentren mejor y arroja los resultados de una vez”, aseguró sonriente.

Con unos computadores que Aleida mantiene bajo llave en el cuarto más apartado de la entrada se completan los equipos para que cada uno de los veinte estudiantes por curso que toman la prueba se acomode frente a ellos por las siguientes cuatro horas aproximadamente. Los niños se sientan y digitan con la ayuda de la profesora su documento de identidad. La profesora del curso de turno insiste mucho en la lectura apropiada de las preguntas y reitera que no se trata de contestar cualquier cosa. Entonces los chicos empiezan a leer las preguntas señalando la pantalla con el dedo para no perderse en la lectura en voz alta. Los niños piden ayuda constantemente para contestar las preguntas, aunque hay también quienes las contestan a toda carrera, sin leer, mirando apenas. Sin importar lo que diga la profesora, algunos niños se distraen, y en parte puede deberse a lo exigente de las jornadas.

Por Federico, uno de los que presentaba la prueba, me enteré de que la nota es una de las principales preocupaciones de los niños incluso a la edad de ocho años. Lo ayudé a resolver un par de preguntas, aunque había momentos en los que la ayuda ya era en realidad darle la solución dado que cuando iba a responder miraba mis ojos en busca de aprobación. Entonces le dije que, si no sabía las respuestas él mismo, de nada servía que yo se las diera pues no estaba aprendiendo nada. “¿No ve que me saco una I y pierdo el año?”, me respondió. Además, noté que la mayoría de los niños no tienen problema para responder las preguntas, una vez las entienden, y que precisamente ahí está el problema. La comprensión y habilidad de lectura es una de las más grandes fallas.

Al finalizar la prueba aparecen unos grandes recuadros con las descripciones de los componentes que se estaban evaluando en determinados conjuntos de preguntas. Dependiendo del desempeño del estudiante los diferentes recuadros aparecen verdes o rojos y con un check (ü) o una equis, lo cual indica, respectivamente, que se ha aprobado o reprobado dicho componente. El uso particular que la educación formal hace de la tecnología o de espacios como el punto sirve para masificar el acceso a la educación, acelerar el proceso de calificación y facilitar la evaluación. No por ello se mejora la calidad, en todo caso. Dicho sea de paso, con lo que me encontré de frente fue con el desorden: los niños corrían, las profesoras los reprendían, la prueba era ignorada y contestada de mala gana.

Conclusiones

El objetivo principal de este artículo era mostrar diferentes formas de acceso a ciertos espacios educativos en el municipio de Chipaque. Estos accesos están marcados y forman parte determinante de lo que hemos denominado materialidades. En este recorrido ha sido guía la manera en que yo mismo accedí a dichos espacios, no solo en términos físicos, sino conceptuales y, más precisamente, de consolidación de ciertos intereses conceptuales particulares.

A propósito, me parece pertinente enfatizar que es en las diversas relaciones que he señalado en las que surge este tema y este problema. El investigador ya va cargado; tiene una serie de referentes académicos, familiares, de su propia cultura, etc., que determinan la manera en la que construye sus relaciones en campo, sus reflexiones y su escritura. Las dinámicas que se enfrentan, tejidas a su vez a partir de infinidad de relaciones interpersonales, juegan en dialéctica con las del propio investigador y ofrecen resultados como los que acá se presentan. Frente a esto, encuentro importante enfatizar en la pertinencia de los enfoques metodológicos cuantitativos en el estudio de las materialidades de las prácticas de lectura y escritura.

Desde el principio del artículo estamos asistiendo a la descripción de dinámicas que ocurren en diferentes niveles de la vida social en el municipio, relacionadas con el trabajo, pero también con la política y la administración locales y las dinámicas escolares, educativas, lúdicas y recreativas. Es necesario enfatizar que todas estas dinámicas están marcadas por la cercanía de Bogotá. Nada más claro para señalar lo determinante de esta relación que el hecho de que la investigación haya tenido lugar en este municipio en concreto precisamente por esa razón, como se hace explícito en los primeros párrafos, en los cuales se señaló cómo impacta la proximidad de Bogotá en la situación laboral del municipio.

Además de las dinámicas de los espacios educativos que he intentado describir, también se han hecho evidentes las fuertes relaciones entre los espacios y la educación formal, colegial, del municipio. Las diferentes pruebas que se realizan en el Punto Vive Digital y el apoyo a las tareas que se lleva a cabo en la biblioteca son los aspectos más evidentes de una relación acompasada por las dinámicas del colegio. En este sentido, el Ministerio de Cultura y el Mintic trabajan en conjunto bajo los lineamientos del MEN, y casi que se someten a los objetivos de este último. Incluso sin que se persiga dicho fin, en la dinámica entre colegio y espacios educativos la preponderancia de la educación formal es evidente, como se ve en las descripciones hechas aquí.

La lectura y la escritura, la alfabetización digital, el acceso y uso de herramientas digitales son puntos de los que se habla con mucha benevolencia, entusiasmo incluso, pero siguen siendo nombres de cosas que no se sabe muy bien cómo asumir. Más allá de los pequeños esfuerzos que se hacen por ofrecer las herramientas a la población de tercera edad del municipio y de abrir los espacios para que estén a disposición de dinámicas más organizadas como las del colegio, los espacios educativos no cuentan con programas específicos, coherentes y guiados por objetivos claros. El aprovechamiento de estos espacios y de los materiales de que disponen queda, de esta manera, relegado a los usuarios que llevan a cabo sus actividades de forma independiente.

Esto no es del todo negativo. Precisamente esta falta de programas totalizantes que ignoren la multiplicidad de posibilidades que brindan los medios de los que se dispone es lo que favorece en gran medida el desarrollo de las prácticas de lectura y escritura que nos interesan: independientes de la formación académica y los programas institucionales. Pero esta misma fortaleza se paga con el precio de que la mayoría de la población no encuentra eficaces las herramientas y los espacios, dado que no conoce muy bien cómo usarlos ni qué ventaja se podría sacar de ellos.

Uno de los puntos más importantes que se puede ver en este trabajo es la manera en la que están siendo entendidos los espacios educativos por los usuarios mismos. Las niñas que miran con timidez los libros en los estantes mientras se supone que deben hacer tareas, y que luego toman los libros a hurtadillas y los leen a espaldas de la bibliotecaria, nos muestran que las dinámicas escolares y las preferencias personales se articulan sin oposición en los espacios educativos. Y evidencian también que ni la biblioteca ni el Punto Vive Digital cuentan con dinámicas propias, fuertes, que lleven a su completo aprovechamiento o que potencien los usos independientes que se podrían estar llevando a cabo en las antípodas de la educación formal.

Estos son algunos de los aspectos que se pueden señalar al entender las prácticas de lectura y escritura a partir de un modelo ideológico. Lejos de pensar la lectura y la escritura como algo dado y que se lleva a cabo en las aulas, los nuevos estudios en alfabetización nos permiten acercarnos a la lectura y la escritura en sus múltiples determinaciones materiales socialmente elaboradas. Las representaciones sobre la lectura y la escritura se encarnan en los discursos que avalan a los espacios educativos, pero el contexto material nos permite entender las dinámicas concretas: la incidencia de los días de mercado, las diversas formas de acceso a internet, la variación etaria, la inestabilidad laboral de los funcionarios de los espacios educativos así como la inestabilidad de los espacios mismos impactan las prácticas de lectura y escritura.

Es claro que el panorama esbozado acerca de estas diversas formas de acceso abre una multiplicidad que parece no tener fin y, al mismo tiempo, estar muy restringida a un contexto muy particular. Esto no nos puede distraer de dos hechos fundamentales que se transparentan en las páginas de arriba: 1) el modelo ideológico de las alfabetizaciones es una potente herramienta para comprender en toda su complejidad las prácticas de lectura y escritura en su articulación contextual material; 2) puesto que toda lectura y toda escritura están amarradas a los contextos de su realización, las particularidades que les son propias son de fundamental importancia en el diseño de programas que pretendan hacer que las personas lean y escriban más.

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3 Los puntos Vive Digital son espacios administrados por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Mintic), en los cuales se promueve el uso y aprovechamiento de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), a través de la disposición de acceso comunitario a internet —incluidos entretenimiento, capacitación y trámites en línea del gobierno—.

4 Todos los participantes fueron consultados sobre la posibilidad de hacer uso de sus nombres reales en la investigación mediante consentimientos informados.

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ISSN: 0120-8454 - e-ISSN: 2145-9169 - DOI: https://doi.org/10.15332/21459169