Descenso, transgresión y creación: el erotismo en la poesía de Raúl Gómez Jattin*

Descent, transgression and creation: the eroticism in the poetry of Raúl Gómez Jattin

Descer, transgressão, criação: o erotismo em poesia do Raúl Gómez Jattin

Yesid Niño Arteaga**

Recibido: 18 de febrero de 2018|Evaluado: 20 de abril de 2018|Aceptado: 18 de mayo de 2018

* Artículo de reflexión. Citar como: Niño , Y. (2018). Descenso, transgresión y creación: el erotismo en la poesía de Raúl Gómez Jattin. Hallazgos, 15(30), 125-140. DOI: https://doi.org/10.15332/2422409X.4806

** Doctorando en Ciencias de la Educación, Magíster en Etnoliteratura y Licenciado en Filosofía y Letras. Docente catedrático de la Universidad de Nariño, Colombia. Contacto: yesidnio@hotmail.com

Resumen

Este artículo propone un acercamiento a la obra poética del colombiano Raúl Gómez Jattin a través de la crítica a los poemas “Veneno de serpiente cascabel” y “Elogio de los alucinógenos”, escritos en el periodo de 1983 a 1986. Bajo el intento de mostrar la multiplicidad de su poesía desde un acercamiento filosófico-literario que intente indagar en el decir poético y las connotaciones de erotismo, inmanencia y transgresión presentes en el mundo de la creación literaria. Puesto que la poesía de Raúl Gómez Jattin puede pensarse como descenso, posibilidad y desafío de indagar en la creación literaria, toda vez que puede propiciar elementos para comprender la manifestación de una transgresión interior que el poeta precisa inexcusable para la afirmación de la vida y del hecho literario.

Palabras clave: crítica literaria, estética, literatura, filosofía.

Abstract

This paper proposes an approach to the poetic write of the Co- lombian Raúl Gómez Jattin. As a result of the interpretation of the poems “Veneno de Serpiente Cascabel” and “El Elogio de los alucinogenos” written in the period from 1983 to 1986, this paper explain the symbolic multiplicity of poetic writing by Raúl Gómez Jattin. In relation with a viewpoint philosophical-literary this paper can decipher the relationship between the poetic sa- ying and the connotations of otherness that the world of litera- ture crosses, that from the poetry of Raúl Gómez Jattin is thou- ght at the same time as descent, possibility of challenge to study the elements of the transgression what the Colombian poet Raúl Gómez Jattin needs inexcusable for the affirmation of life and literary space.

Key words: literary criticism, aesthetics, literature, philosophy.

Resumo

Este artigo propõe uma abordagem à obra poética do colombiano Raúl Gómez Jattin, a partir da exploração dos poemas “Veneno de Serpiente Cascabel” e “El Elogio de los alucinógenos” escritos no período de 1983 a 1986. Sob a pretensão de mostrar a multiplicidade de sua poesia a partir de uma abordagem filosófico-literária que procura investigar a poética e as conotações de erotismo, imanência e transgressão presentes no mundo da criação literária. Já a poesia de Raúl Gómez Jattin pode ser pensa- da como descida, possibilidade e desafio de investigar a criação literária, uma vez que pode propiciar elementos para compreen- der a manifestação de uma transgressão interior que o poeta exi- ge indesculpável para a afirmação da vida e fato literário

Palavras chave: crítica literária, estética, literatura, filosofía

Introducción

Críticos literarios y  escritores  describen la obra de Raúl Gómez Jattin (1945-1997) como una escritura capaz de escandalizar a la mayor parte de quienes se instituyan en el pensamiento decimonónico. Eso es par- te de lo que sugiere Carlos Monsiváis en el prólogo a la antología poética de Gómez Jattin Amanecer en el Valle del Sinú. Tal vez porque su voz poética ofrece escenarios y distancias para tratar la razón y sinrazón del poema en relación con la vida, para afrontar a su vez, desde lo literario, algunas velaciones y dogmatismos presentes en la cultura. A propósito de la obra del poeta colombiano, Echavarría (1998), Cobo Borda (2003) y Vélez (1995) recogen algunas anotaciones de su vida y obra, principiándose así la construcción de un corpus crítico sobre la obra de este poeta, que nace y muere en Cartagena, Colombia. Sobre su vida, el mismo poeta sugiere indicios de su relación con lo literario:

Desde muy niño, mi vida se la aposté al arte, específicamente a la literatura […] Pero la poesía me ha deparado (no precisamente costado) locura, pobreza y soledad. Y trabajo, muchísimo trabajo. Pero también ha traído a mi vida ocio, gran alegría y amistad. (Gómez Jattin citado en Echevarría, 1998, p. 217).

El interés de este artículo no gira en profundizar sobre la vida del poeta,[1] su hundimiento, su vicio, su soledad, sus rupturas o sus anécdotas eróticas resultarían relevantes para otro estudio. Aunque este trabajo en ningún momento pretende desatender la importante vinculación de lo poético con la experiencia de vida de un autor, puesto que el movimiento de escribir también es anunciar y acoger lo ausente y al vacío que hay en el sujeto (Blanchot, 2015). Renuncia y pérdida de sí mismo, que según Maurice Blanchot, es parte del proceso creativo y disruptivo del escritor: remembrar lo que no se puede recordar, atestiguar lo no ex- perimentado, dar lugar a lo que no puede tener lugar (Blanchot, 2015, p. 107).

En base en lo anterior, este artículo aspira a ser una referencia que logre ampliar la crítica frente a la obra poética de Raúl Gómez Jattin, a partir de la inmersión en los poemas “Veneno de serpiente cascabel” y “Elogio de los alucinógenos”, ambos recogidos en la antología seleccionada por Carlos Monsiváis titulada Amanecer en el Valle del Sinú. Título que también lleva el libro con 26 poemas que fueron escritos entre 1983 y 1986 y que se incluye en esta antología junto con Retratos, Del Amor, Hijos del tiempo, Esplendor de la mariposa y El libro de la locura.

A partir de los poemas “Veneno de serpiente cascabel” y “Elogio de los alucinógenos” se plantean las siguientes preguntas contenidas en el hilo conductor de este artículo, a saber: ¿qué se puede advertir en la poesía de Raúl Gómez Jattin frente a la idea de erotismo?, ¿qué se puede decir sobre la palabra poética y su relación con conceptos estético-filosóficos como inmanencia y transgresión?, ¿cómo interpretar el proceso creativo que se expresa en el decir poético de Raúl Gómez Jattin?

Es así como este artículo se apoya en un diálogo documental e intertextual, pues es atravesando la continuidad dialógica y la referencia a varios textos como se logra una contigüidad hermenéutica que no abandone la densidad de lo escritural, para que en este caso busque convertirse en una pro- puesta que se sume al estudio de la poesía colombiana y a la crítica existente de la obra de Gómez Jattin. Esto a partir de una perspectiva filosófica que a su vez proporcione a los lectores posibles referentes sobre el concepto de inmanencia, que Gilles Deleuze plantea como esencial a la literatura (Deleuze, 2009, p. 80); sobre el concepto de erotismo y su relación con el concepto de transgresión, ambos estudiados por Georges Bataille (2007), que podrán explorarse al seguir los postulados del artículo.

Este estudio es relevante puesto que comprender el tránsito creativo y la distinción de erotismo que afirma la poesía de Gómez Jattin, es valioso para aproximarse hacia indagaciones sobre una poesía de lo inmanente. Idea que está relacionada con todo proceso de complicación del ser.  Anuncia su proximidad con lo múltiple, pero al mismo tiempo un deslizamiento hacia una unidad suspendida que busca  explicarlo,  lo que provoca un cuestionamiento directo, un aumento de la actividad crítica, del cuestionamiento, del debate (Deleuze, 2007, p. 237). La inmanencia, según Gilles Deleuze, tiende a desbordar el mundo vertical, es de- cir, a subvertir los preceptos para engendrar una imagen de vida y de pensamiento que logre complicar la realidad.

La transgresión se analiza como posibilidad de autocrítica y obstinada locura que, según Monsiváis —quien parafrasea a Barba Jacob— “consiste en apartarse de la diosa perra del éxito, y en el amor sin titubeos   a la transgresión” (citado en Gómez Jattin 2010, XXIV). De allí que la transgresión sea una herramienta relacionada al trabajo de la palabra sobre esa rivalidad vital entre lo trascendente y lo inmanente. Al fin de cuentas, Raúl Gómez Jattin trata de resolver el enigma del poeta frente a su locura divina y su dolor terrenal, enigma que no es otro sino la búsqueda de una emergencia o ruptura del lenguaje hacia lo figurativo, que so- porta en la tela de lo inmanente como una forma, una imagen, que logre coincidir con la vivencia de la palabra poética. La poesía de Raúl Gómez Jattin será el posible colofón que muestra al erotismo como oportunidad figurativa de la vida.

El concepto de erotismo, a partir de las ideas de Georges Bataille, se propone como una heterología. Permite una apertura al conocimiento del Otro desde la distinción y acercamiento a esa naturaleza oculta que se escapa al entendimiento A propósito, Maurice Blanchot, presenta  una  relevan- te síntesis sobre las reflexiones de Bataille en relación con su definición de erotismo: “perturbación del orden, transgresión, restitución de una economía más general que no denominaría la gestión de las cosas (utilidad); pero la pérdida imposible, ligada a la idea de sacrificio y a la experiencia de momentos soberanos” (Blanchot, 2015, p. 97).

En este sentido el erotismo puede considerarse como “un desequilibrio en el cual el ser se cuestiona a sí mismo, consciente- mente” (Bataille, 2007, p. 35), para develar su vida interior bajo la situación inviolable de la pérdida del yo. Hablar de erotismo  es hablar de la experiencia del sujeto en el mundo, de su experiencia interior e idealización en relación con las impresiones objetivas que también fundan su experiencia. El erotismo vinculado a la búsqueda de la belleza se convierte entonces en una exaltación obscena así como en una tentación de voluptuosidad y de muerte que conduce a la afirmación de la vida (Zuleta, 2007, p. 138).

Poesía, transgresión, inmanencia

La obra poética de Raúl Gómez Jattin puede decirse que inicia con los libros Poemas (1980), Tríptico cereteano (1988), e Hijos del tiempo (1990). Cabe resaltar que el poeta también compuso algunas adaptaciones dramáticas luego de la lectura a las obras de Aristófanes, Shakespeare, Swift, Cepeda Samudio y García Márquez.

Al seguir a Ferrer Ruiz (2002) se puede decir que la tradición oral del Caribe colombiano, así como su diversidad cultural, musical y étnica, constituyen un referente lírico y existencial que trastoca la realidad singular de Raúl Gómez Jattin. En este trabajo se observa la incidencia de lo popular y el folclor de la música vallenata de mediados del siglo xx en la obra del poeta colombiano, de allí la validez de su distinta acentuación lírica en busca de una posible musicalidad que des- borda la sintaxis para reflejar la fragmentación del ser en su vivencia.

Frente a este punto también es válido resaltar que el Caribe simboliza, en la obra de Raúl Gómez Jattin, parte de la potencia de lo erótico así como espacialidad. Se traza mediante una confluencia entre crueldad y ternura, para mostrar la rivalidad y la violencia que se encuentra en los lugares “ardientes”, “humeantes”, “antiguos”, donde brotan los “astros”, la “belleza viril”, la “Colt 45”, el “falo” y la “vagina”. Evoca la fuerza interior que busca fracturar la representación de una tierra mayor desde la expresión poética.

Así lo expresa en el poema “Serenata” (Gómez Jattin 2010, p. 95), poema en el que sus palabra estructuran imágenes cuya trama es el erotismo desde la exploración y el advenimiento de lo prohibido.

El poema admite el secreto erótico de lo violento, pero requiere de la ruptura con  la prohibición para esparcir su continua complementariedad: imágenes transgresoras que rozan la ferocidad y la picardía, en las que el poeta vislumbra su deseo de escribir la posibilidad erótica de dar lugar al amor desde el requerimiento de la transgresión como actividad humana.

Cabe resaltar que esta espacialidad presente en la obra de Raúl Gómez Jattin no suscita hacia el poema un tiempo y espacio de- terminados, sino que busca indagar en la complejidad de lo humano desde la misma vivencia del cuerpo humano. Lo que en el poeta colombiano lleva a afianzar a la transgresión como posibilidad, como fachada de su abismo interno, pero a su vez a proponerla como la oscura razón que mueve la actividad poética. Ante esto, Bataille señala que el carácter trasgresor del erotismo es una actividad que se distingue por el “arre- bato voluptuoso” (2007, p. 202) que a su vez logra sublevar y esclarecer la conciencia.

De esta manera es como fulguran las trasgresiones o deseos de irrupción en la obra de Raúl Gómez Jattin, quizás para proporcionar un nuevo interrogante al concepto de alteridad, en el que, según Bajtín (2015), la categoría predominante para el influjo o beneficio de la propia vivencia es el Otro, para que así influya y se extienda, como posible acción de la literatura, las valoraciones e inmanencias de lo humano sobre la realidad (pp. 25-32).

Así mismo es preciso indicar la importancia que Raúl Gómez Jattin otorga a los imaginarios de la palabra regional, espacio trágico e inmanente que en el poeta se promulga como alucinación vital, a partir de esa antigüedad griega, indígena y oriental que forma su poesía bajo símbolos como “llovizna”, “pirámide”, “ceremonia”, “astronomía”, “mito” y en héroes como “Electra”, “Medea”, “Scherezada”, “Monctezuma” o “El Cacique Zenú” (Gómez Jattin, 2010, pp. 119-137).

Debido a que el ámbito de la alteridad es la conciencia del mundo en su discontinuidad, el poeta se permite hallar en el afuera toda la vulnerabilidad, como aspecto relevante que le permite irrumpir también en el riesgo de autodefinirse axiológicamente mediante la experiencia de lo interior, desde la inmanencia y lo intempestivo que siempre es prove- niente del afuera (Bajtín, 2015, p. 66).

El erotismo y el decir del poeta: veneno de serpiente cascabel

El afuera para Gómez Jattin manifiesta el lugar propicio para el erotismo, donde se repliega en el sentir de lo Otro, de lo extraño. La poética de Gómez Jattin, al seguir los planteamientos de Gilles Deleuze, manifiesta la potencia del erotismo mediante la formulación balbuceante y fragmentaria de un cuerpo que se hace lenguaje (Deleuze, 2009, pp. 80-81), y que está en constante reciprocidad con el horizonte exterior.

En este sentido, el poema “Veneno de serpiente cascabel” distingue mediante la asunción de la metáfora la experiencia del cuerpo en la cultura, como una posibilidad abierta que puede someter con el lenguaje ordinario a los procesos de creación y experimentación poética. Proceso que en Gómez Jattin deriva como un ethos animal o infantil, que a su vez explora la idea de cuerpo, para llevarlo a los límites del mismo, puesto que según Deleuze (2009), la idea de cuerpo es una exploración que implica la genialidad de la música o del silencio.

Es importante mencionar que en “Veneno de serpiente cascabel” se localiza principal- mente la influencia de Nietzsche. Símbolos como “pelea”, “mujeres”, “serpiente”, “loco”, “música”, quizás ofrezcan alguna inferencia sobre la influencia nietzscheana en este poema, pero no se puede evitar caer en evidentes presupuestos que el mismo poema plantea: problema de las fuerzas reactivas, imposición de una moral decadente, mala consciencia, autoritarismo, pero también la noción nietzscheana de sentimiento de poder, de devenir niño, de transvaloración, de sentido de tierra, de voluntad de poder, de jovialidad e inocencia (Deleuze, 2013, pp. 84-104).

Elementos que el poeta colombiano inscribe desde los límites del proceso sensorial, ya que obtiene de su experiencia exterior la imaginación para su experiencia interiorizada. Cuerpo que se hace cuerpo-otro mediante el erotismo que desprende lo poético, que en “Veneno de serpiente cascabel” a través del animismo y la clandestinidad, se formula un intento por plasmar las emergencias del devenir-niño —que son las extensiones plásticas de la poesía que Gómez Jattin extrae del pensamiento de Nietzsche—, así sea mediante el sulfuro de la trampa o del equívoco. En este poema se traza el rostro noctívago de lo grotesco y obsceno que caracteriza la poética de Raúl Gómez Jattin. Mediante lo efímero de una taberna y una pelea de gallos que en ese de- venir-niño puede representar un épico episodio entre amantes y animales que arrojan sangre y aterciopeladas plumas.

Hay que tener en cuenta que, según Óscar Castro García, lo erótico no siempre “lleva al placer o al encuentro sincrónico con el Otro, pues en muchas ocasiones el desecante se encuentra consigo mismo, aun en la ausencia total de deseo, en la extrañeza o en la indiferencia” (Castro García, 2004, p. 36). Lo que sugiere que el poema también es un alejamiento de la expresión cerrada de un cuerpo cerrado o más bien se puede presentar como una búsqueda de lucidez abismal, reflexión sobre la dispersión del sí mismo, lejos del mismo tiempo que rodea la cotidianidad del poeta y que con Raúl Gómez Jattin parece enunciarse de forma monstruosa, pero a su vez, frágil.

Ese devenir niño y devenir dialéctico se canaliza y ocurre como la disgregación del yo, el movimiento erótico del poeta dentro del poema: el niño que es considerado “inocente” se torna “infalible como el mismo diablo” (Gómez Jattin, 2015, p. 55), para realizar la trampa en medio de lo trágico    y la jovialidad. Mientras la música de los acordeones entretiene a los viejos, como símbolos de la autoridad, el personaje logra la apertura de la voz, apertura ante la alteridad que por medio de la poesía será confluencia entre el desbordamiento y la luminosidad que implica la búsqueda de una imagen imprevisible o quizás ignominiosa, como el sentido propio de la instauración de una acción de vida o muerte.

En “Veneno de serpiente cascabel” se percibe que el erotismo puede trazarse como posibilidad de inmanencia o también sentido de tierra, a la manera como la describe Nietzsche en Así hablaba Zaratustra, “pues has de saber que el corazón de la tierra es de oro” (Nietzsche, 2006, p. 145). Esto muestra el erotismo vinculado a lo telúrico, como lirismo afianzado en las piedras preciosas que también se perfilan en el primer verso de “Veneno de serpiente cascabel” en referencia a una tradición campesina latinoamericana, la pelea de gallos: “Gallo de ónix y oros y marfiles rutilantes” (Gómez Jattin, 2010, p. 54), dice el poeta en comparación con la roca, el brillo y la llamarada volcánica, que el poema suscita en la imagen poética de las plumas del ave.

Mientras el segundo verso, de inmediato, muestra la ebullición de la transvaloración nietzscheana que Gómez Jattin insinúa para la idea de sexualidad, “quédate en tu ramaje con tus putas mujeres/ Hazte el perdido El robado Hazte el loco” (2010, p. 54), es cuando el poema levanta la malicia y la in- falible locura que acompaña al impulso de voluptuosidad que el ethos animal fisura en la comprensión y estabilidad antropomórfica, al constituir una imagen patética que corresponde al desprecio y al peligro de la poesía y del amor.

Puesto que en la rutina tropical de un pueblo-baldío políticamente conservador, la libertad sexual siempre trata de corresponder al peligro de lo clandestino. Es así que el mismo Raúl Gómez Jattin lo manifiesta en el poema “Conjuro”, donde expía su relación con la vida: “Despreciable y peligroso/ eso ha hecho de mí la poesía y el amor” (2010, p. 67). Este sacrificio permite afirmar que el deseo más fuerte de la creación poética refiere a lo inaudible de lo humano.

El relato contenido en el poema “Veneno de serpiente cascabel” sugiere la aparición de los dos lados de una misma concepción lírica que franqueará la obra de Raúl Gómez Jattin: lo luminoso y lo despreciable, que en este poema será la metáfora de la fortaleza y belleza del gallo: “Mañana afílame la tijera para motilar/ al Talisayo Me ofrecieron una pelea para él/ en Valledupar Levántate temprano/ y atrápalo a la hora del alimento Dijo mi padre” (p. 54), como un retrato que enseña explícitamente la costumbre campesina de preparar y embellecer al animal antes de la pelea, pero que lleva implícita la crítica hacia la imposición patriarcal en las conductas que, según Castro Gómez (2016), es herencia de los procesos de colonización que aún se hace visible en parte de la idiosincrasia latinoamericana.

Es así que la secuencia de imágenes contradice poéticamente, pero también avista críticamente, la coacción cultural que se impone desde el alistamiento o reclutamiento forzado vinculado a la guerra. “Jugarle sucio” (Gómez Jattin, 2010, p. 54), ya que el niño desea otro devenir, el devenir animal, el devenir de Talisayo, el gallo, como par- te de su propio cuerpo en transmutación: niño, animal y guerrero semental, que ya ha resultado victorioso en esa kalokagathia griega[2] de la cual parece querer escapar el personaje niño.

Es así como desde el personaje niño el poeta espera asumir el resultado final de esa educación guerrera: el impulso erótico como ascenso al mundo y al extraño dolor del Otro. Tal cual lo hace manifiesto Raúl Gómez Jattin en poemas como “Medea”, “Teseo”, “Electra”, “Clitemnestra”, “Pe- nélope y Odiseo”, todos contenidos en el libro Los hijos del tiempo (1989), donde se mueve la memoria y el profundo éxtasis que el poeta reescribe desde la historia y la mitología, ya sea desde la oralidad del Cari- be colombiano o desde Las mil y una noches.

Ante la proximidad de un enfrentamiento   a muerte donde los únicos perdedores se- rán dos: el niño y el animal, regocijados en la proyección de un cuerpo carnavalesco y emplumado, consuman la trampa que des- bordará la unidad servil o el rechazo a la dominación hegemónica representado en el mandato del padre. Desde un sentido shakesperiano, más que nietzscheano, la voz poética de Raúl Gómez Jattin propone oportuno “obedecer” siempre y cuando resulte en un fortalecimiento de las fuerzas activas, “prepárate a jugarle sucio a tu contendor Pues/ le robé al indio un veneno de serpiente cascabel/ para untarlo en las espuelas de carey” (Gómez Jattin 2010, p. 54), el niño formula la trampa para salvar el más alto valor: su vida representada también en lo animal.

Niño y animal en el mismo refugio, opacidad que surge al encontrar un plus de fuerza y para eso el personaje niño se afirma en la jovialidad, empieza su angustia y se posiciona de lado de las fuerzas activas que generalmente escapan a la conciencia:[3] se provoca entonces el juego, y por tanto, la premeditación y consecución de una trampa. El niño simboliza en el poema la astucia, la espontaneidad y la trampa, que para el poeta colombiano resulta en parte en la picardía y en el riesgo de instaurarle realidad poética al juego de lo cotidiano.

De hecho, el personaje niño insiste en la tercera estrofa: “He rogado y llorado para que te dejen para siempre/ como padre gallo” (p. 54), para encausar su ardid por fuera de la voluntad del padre. Para el personaje niño, que sin duda encarna la idea de transgresión, que es médula del erotismo, el gallo viene a ser parte de su mismo cuerpo: plumas y “disfraz de carnaval” (p. 55). Es decir, una figuración que representa su más cara dimensión de futuro y el más alto valor de lo inmanente: la preciosa tierra.[4] En este punto es oportuno señalar los elementos telúricos como el ónix, el oro y el marfil que proyectan en el poema su fundación en lo inmanente.

“Veneno de serpiente cascabel” irradia la exigencia de reinterpretar el conocimiento sobre lo humano a lo largo de sus versos. Puede indicarse como un referente  para  un explorar la experiencia de una inocencia que no es para nada ingenua, así como la reinterpretación de esa idea por medio de una transvaloración, puesto que en el por fuera del esquema de las fuerzas reactivas, puesto que la misma conciencia es una fuerza reactiva. De allí que este filósofo reinterprete la pregunta de Spinoza: ¿de qué es capaz un cuerpo?, interrogan- te al que se podría facilitar cierta respuesta al abordar críticamente la obra de nuestro poeta colombiano.

El abismo del yo y el resurgir de la palabra: “Elogio de los alucinógenos”

Se ha visto que la poesía de Raúl Gómez Jattin propone el devenir antes que el parlamento de la autoridad, la astucia antes que el orden, el erotismo antes que la trivialidad. La transgresión surge en medio de la prohibición, dado que ya “no es la negación de lo prohibido, sino que lo supera y lo completa” (Bataille 2007, p. 67). Definiéndose como lo que logra penetrar profundamente en la conciencia humana, abriéndose con violencia para enseñar que la sublevación está siempre en el interior de cada ser humano (Bataille, 2007, p. 203).

En el poema “Elogio de los alucinógenos”, la transgresión, como la propone Bataille, es la acción resultante entre humano y el sentido de tierra nietzscheano,  que  antes se afirmaba como complementariedad y ahora, en el poema “Elogio de los alucinógenos”, se explaya hacia lo que el poeta ve como su precipicio, el descenso a lo negativo y a la angustia de la percepción. Una caoticidad que implica mesura y todo tipo de advertencias. Pero esto no es tan simple como situar al poeta sobre el mundo de la calle, de la droga, la miseria o del sanatorio, se debe partir de la sensación de un mundo en el que en el poema se presenta como un universo funesto frente a la alteridad.

Por eso el poeta lo hace necesario: “Acercar- me a esa mula vieja de mi angustia/ y sacarle de la boca todo el fervor posible” (Gómez Jattin, 2010, p. 68), para lograr la expresión de la energía interior para confluir con la energía social e histórica que coexisten en la creación literaria (Bloom, 2005, p. 195), toda vez que se reconoce la amplitud y densidad de las imágenes-otras que provoca su lenguaje.

En este poema aparece la vibración o sacudida dentro del lenguaje, para mostrar el perfil terrenalelúrico del alma, terror, temblor, a veces tan frágil, que no encuentra más forma de acontecer que ser un elogio al desastre. Fulgor y embrujo enfermizo, una permanencia conflictiva o quizás una “virulenta amoralidad interior” (Bloom, 2005, p. 195) que, en palabras de Harold Bloom, se convierte en descenso justificado para atravesar los abismos del yo.

Se debe resaltar que desde la crítica literaria de Harold Bloom: “La literatura no es simplemente lenguaje; es también voluntad de figuración, el objetivo de la metáfora que Nietzsche una vez definió como el deseo de ser diferente, el deseo de estar en otra par- te” (2005, p. 22).

Es así como en “Elogio de los alucinógenos” se muestra la posición del poeta frente a la poesía: es la palabra la que contiene al poeta, lo desborda y éste requiere el momento más inoportuno y obstinado para que la palabra continúe su repliegue y dilatación. El decir del poeta se entrega a la vida y a la creación como “el sentido decisivo de la plena vida” (Gómez Jattin 2010, p. 68). De ese modo es que el poeta, hecho un cuerpo lenguaje o un cuerpo escritura que supera lo homogéneo (Deleuze, 2009), concibe a la poesía como el propio sentido dentro de su “locura alucinada” (Gómez Jattin, 2010, p. 68).

Cabe mencionar que, como otros autores —Nietzsche,  Baudelaire  o  Beckett—,  Raúl Gómez Jattin aprende del mundo de la metáfora, porque el mundo para el poeta colombiano se ha trastocado en una metáfora, por eso requiere otra percepción, un aleja- miento, una sombra distinta, un descenso. Puesto que “La única investigación fértil es la excavatoria, la inmersiva, una contracción del espíritu, un descenso. El artista es activo, pero en sentido negativo, condensado a la nulidad de los fenómenos extracircunferenciales, ahogándose en el núcleo del remolino” (Beckett, citado en Bloom, 2005, p. 505).

En este sentido, la poesía de Raúl Gómez Jattin traduce la expresividad que se teje con el proyecto banal, desolado, anudado y enfermizo de todo lo vivo, ligado desde Baudelaire, no al tránsito que provoca lo mundano sino al descenso hacia el acierto pictórico o figurativo de una vida condenada al arte y a la emergencia plástica como desengaño ante la frialdad de la razón. A propósito, Estanislao Zuleta dice al respecto que toda imagen es “producto de un acto subjetivo de imaginación” (Zuleta, 2007, p. 137), y la producción de imágenes puede resultar en una posible defensa en contra de la angustia.

Lo cual el lector debe observar en la escritura poética de “Elogio de los alucinógenos”, puesto que estas imágenes extáticas, que bien podrían ser producto de la influencia baudelariana, representan una liberación de la angustiante realidad descrita en este poema. Recuérdese que según Baudelaire hay “paraísos artificiales” pero de igual manera “hay momentos de la existencia en los que el tiempo y la extensión son más profundos, y el sentimiento de la existencia está inmensa- mente aumentado” (Baudelaire, 1977, p. 36).

Por eso, en “Elogio de los alucinógenos” parece que el poeta trabaja lo propuesto por Baudelaire frente a la idea de un posible aumento del sentimiento de existencia desde la poesía y la artificialidad de lo real. Contenida en la tipología de elementos enteógenos que expone el poema, en este hay una inexacta posibilidad de perfeccionamiento de la salud a partir de la convalecencia, pero al mismo tiempo da lugar a un arduo desmoronamiento del mismo.

También puede establecerse un plano comparativo con Nietzsche, quien consigna la propuesta del desmoronamiento del poeta como el plus de fuerza que requiere la obra y el mundo. “El hombre tiene que ser ya por naturaleza un mentiroso, tiene que ser, más que cualquier otra cosa, artista” (Nietzsche, 2004, p. 201). Allí reside el intercambio de fuerzas que concibe la tragedia y la inspiración del poeta o del artista, debido a que en lo exterior convive la imaginación poética del abismo del yo, que al exteriorizar- se posiblemente alcance la experiencia del acontecimiento.

Vale mencionar que la originalidad, contaminación y angustia de las influencias (Bloom, 2005, p. 22) que emergen en “Elogio de los alucinógenos” se formulan a partir del influjo de la obra baudelariana. Esto llega a provocar un estrangulamiento o “herida mortal” en el sí mismo y así poder engendrar “sílabas dolorosas” (Gómez Jattin, 2010, p. 68), hechas desde el plano de ipseidad extrema que propone con el mundo de los alucinógenos, que a la manera de Raúl Gómez Jattin intenta ser vista como una reafirmación del descanso del alma, del “sentido decisivo de la plena vida”, más no como repulsión o condena ante los letargos de las “Almas con caras de hipodérmica” (Gómez Jattin, 2010, p. 69).

Perspectiva crítica que puede relacionarse con lo que afirma Günter Grass, quien logra advertir del encomio de los “poetas de laboratorio” y de los “poemas de laboratorio”, cuyo valor y apariencia radica en aspirar a ser importantes, al conocer que la literatura es eventual, y por tanto, es acontecimiento que no vislumbra ser algo importante, sino más bien, forma inevitablemente ligada a lo rebelde (Grass, 2014, p. 10-19).

Incluso como una forma de incluir la experiencia del alucinógeno en las etapas de la vida humana, desde la marihuana en la adolescencia hasta las inyecciones de la vejez, el poema “Elogio de los alucinógenos” exterioriza sin restricciones la urgencia de mostrar esa expresividad lírica que no busca someterse a ningún optimismo o determinación de lo cultural ni de lo extático.

Al contrario, es poema mientras sea un rapto de sí mismo que permita mostrar al erotismo desde el juego alternativo de vio- lar la prohibición (Bataille, 2007, p. 75), que logre transgredir al  Otro  y  transgredirse  a sí mismo, puesto que la renuncia de sí y la entrega al mundo de lo impreciso de la alteridad —incluso donde la droga viene a jugarse como lo preciso a abolir—, es la base de su tragedia. La cual inicia con su convalecencia, pero de igual manera, dentro de su entera decisión de obtener una palabra imperdonable, hundimiento o descenso en el abismo del yo por medio de una magnífica parodia del proceso de dislocamiento de los sentidos, ya propuesto por el poeta Arthur Rimbaud (2009), quizás como actitud poética ante la emergente y pujante sobrexposición que requiere el mundo.

De este modo, y con las ideas de Byung ChulHan, se puede afirmar que esa imprecisión hacia el dislocamiento y la convalecencia resulta erótica, puesto que lo erótico también contiene y da lugar a la ambivalencia que aparece como fragmentación del yo en la alteridad, lo que conduce a una doble significación o a la ambigüedad como constituyente de lo humano (Han, 2013, p. 52).

“Elogio de los alucinógenos” exterioriza el carácter transgresor del erotismo, recoge la fuerza que se empareja con las ideas nietzscheanas de embriaguez dionisíaca e intempestividad, para poetizar así un universo inmanente, equívoco, violento y quizás fundamental. No solo porque el erotismo en la literatura “permite identificar matices, prácticas, ideologías, trasgresiones, represiones y libertades” (Castro García, 2004, p.15), sino porque “Elogio de los alucinógenos” manifiesta el riesgo, el descenso transgresor[5] o el desafío de la escritura enfrentada a todo confort o simple envilecimiento. Permite indagar en la encrucijada de la transfiguración, en la agonía de la belleza, en la irrupción y hundimiento en lo telúrico o en lo animal, que permite el salto hacia la diferenciación con el Otro y así dar cabida al desastre.

Esa escritura del desastre, en palabras de Maurice Blanchot, resulta como “lo que resta por decir”, una expresión simbólica   y sonora que se asemeja a la “ruina del habla, desfallecimiento por la escritura, rumor que murmura: lo que resta sin resto” (Blanchot, 2015, p. 35), y que en este poema es una suerte de fugacidad que contraviene el emblema o la insignia del habla a través del “embrujo enfermizo”, para visualizar y al mismo tiempo representar la “intacta lumbre” o el “lecho de caridad” (Gómez Jattin, 2010, p. 68), que le permiten al poeta presentir su apertura a lo difuso, a la dispersión.

Puesto que escribir “es renunciar a cogerse de la mano o a llamarse con nombres propios, y al mismo tiempo no es renunciar, es anunciar, acogiendo sin reconocerlo, al ausente” (Blanchot, 2015, p. 107). En “Elogio de los alucinógenos” la voz poética ratifica en la creación literaria la experiencia de lo ambivalente. Lo que manifiesta una intención de crítica mediante el retiro de la re- presentación exacta, imitable y genérica de lo poético como lo utilidad, para presentar unas “sílabas dolorosas que no nieguen la risa” (p. 68). Con esta iniciativa de indagar abruptamente en lo humano, el poeta corresponde a la idea de erotismo y transgresión como eventuales al erotismo, ya que como lo propone Georges Bataille:

La poesía lleva al mismo punto que todas las formas del erotismo: a la indistinción, a la confusión de objetos distintos. Nos conduce hacia la eternidad, nos conduce hacia la muerte y, por medio de la muerte, a la continuidad (Bataille, 2007, p. 30).

En “Elogio de los alucinógenos” se devela el sacrificio, el incendio o el exceso de la apariencia humana ante el decir inmanente de la poesía, incluso mediante acciones sin utilidad o representaciones que chocan con la fragilidad de la lucidez o el temor ante lo incomprensible. Pero el poeta aún insiste en el “desprecio de ese estorbo sangriento” (Gómez Jattin, 2010, p. 69), en proporcionar diferentes sentidos al entendimiento humano como a las formas de expresión del mismo.

Poesía como experiencia del estallido

La última parte de “Elogio de los alucinógenos” muestra la multiplicidad que se vuelve elegía del yo rebelde para desatar la historia de lo distinto o de lo que aún no tienen lugar, es decir, otro poema. Así se logra componer la vivencia y el poder de remembrar el decir a través del fulgurante estallido de la obra poética, inevitable, mortal, en un cuerpo, hecho tigrillo, y a la vez, sirena:

Yo voy de lágrima en lágrima prosternando Acumulando sílabas dolorosas que no nieguen

La risa Que la reafirmen en su cierta posibilidad

De descanso de alma No de su letargo

Voy de hospital en cárcel en conocidos inhóspitos

Como ellos Alamas con cara de hipodérmica Y lecho de caridad Entregándole mi compañía

A cambio de un hueso infame de alimento

Toda esa gran vida a los alucinógenos debo

La delicadeza de un alma no está casi

En lo que se apropia Sino en el desprecio de este estorbo

Sangriento cual banquete de Tiestes Que la opulencia inconsciente ofrece vana y fútil

(Gómez Jattin 2010, pp. 68-69).

Con Raúl Gómez Jattin el erotismo se encuentra ligado “al juego alternativo de lo prohibido y la transgresión” (Bataille, 2007, 75), puesto que se presenta poéticamente mediante el fulgor, el estallido, la violencia explosiva, la amistad generosa o el silencio del Otro. El cual viene a ser efigie absurda y dolorosa que revoloteará en la obra del poeta colombiano mediante su ardua correspondencia con el proceso creativo de un cuerpo lenguaje (Deleuze 2009, p. 81), que asume en otros poemas como “Donde duerme el doble sexo”, “Qué trabajos tan hermosos tiene la vida”, “La parranda verraca es la del sol con la vida” o “Conjuro”, por ejemplo, la disgregación del sí mismo en búsqueda de su posición afirmativa. Su poesía permite aproximarse al conocimiento de la experiencia interior, permite ver la anticipación al mundo que logra la metáfora.

Conclusiones

Las preguntas sobre la poesía no pueden cesar, puesto que la crítica literaria todavía es joven en el estudio de la poesía colombiana contemporánea. Frente a esto se propuso explorar el decir poético del colombiano Raúl Gómez Jattin el cual busca, desde un posible sentido baudeleriano y nietzscheano, exteriorizar aquella ferocidad natural que permanece atraída ardientemente hacia la belleza. Se propuso un acercamiento a partir de los poemas “Veneno de serpiente cascabel” y “Elogio de los alucinógenos”, a los postulados de erotismo, transgresión, cuerpo-lenguaje e inmanencia, que en el artículo fueron tratados a partir de la relación con las investigaciones de Georges Bataille y Gilles Deleuze.

A partir de la exploración contextual y singular de la palabra, el poeta conforma la experiencia inmanente de su vitalidad y convalecencia, así se pudo percibir en los dos poemas que analizó el artículo, en tanto se plantea al lector la experiencia poética y el trabajo de la palabra como elemento de transformación en constante tensión figurativa. De esta manera, se relacionaron las ideas sobre erotismo y transgresión vinculadas al análisis estético-antropológico pro- puesto por Bataille, como una forma cardinal de lograr la afirmación de la vida —el erotismo como la afirmación de la vida hasta en la muerte—, que fue descifrado desde la obra del poeta colombiano para a su vez permitir una valoración frente al sentido volitivo de las ideas filosóficas de Nietzsche y la poesía de Baudelaire y Rimbaud.

Se propuso un acercamiento filosófico-literario a la obra poética de Gómez Jattin, desde dos poemas que se consideran relevantes para trazar algunas líneas críticas sobre su obra, pero aún hace falta continuar con el estudio de la obra de este poeta colombiano, tal vez para emprender la interpretación en otros ámbitos temáticos que proporciona su poética como la influencia de la música, el desafío de la sexualidad, la crítica cultural, la fascinación por el mundo natural, por ejemplo. Para el caso de este artículo, y al seguir las ideas de Gilles Deleuze, los poemas “Veneno de serpiente cascabel” y “Elogio de los alucinógenos” pueden presentarse como muestras de una literatura que se torna hacia las preocupaciones filosóficas, metafísicas y cotidianas que el poeta deviene desde la voluntad creadora.

Para finalizar, es viable todavía reflexionar sobre cómo la contingencia y la intempes- tividad, la tenue delicadeza o la  indeseable —e ineludible— brutalidad del alma, la confianza de la vida en el arte o el solita- rio camino a la muerte que el poeta Raúl Gómez Jattin poetiza, quizás, pueden ser rumbos para consolidar investigaciones que proporcionen otras perspectivas y sentidos frente al gran fenómeno de la poesía colombiana en su contemporaneidad

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[1] Para ampliar la información sobre este tema se sugiere la lectura de Fiorillo (2003), Bustos Aguirre (1998) y Ferrer Ruíz (2006).

[2] Hay que mencionar la admiración y el impacto de las lecturas de los clásicos griegos: Homero, Esquilo, Sófocles, Eurípides, pero también el influjo de la obra de Platón en la formación intelectual de Raúl Gó- mez Jattin. La noción de kalokagathia expresa la formación guerrera vinculada al aprendizaje de la ciudadanía que adoptaron los griegos en el siglo vi a de C. Para ampliar el tema se sugiere la lectura a Martínez Marzoa, Felipe (2007). Muestras de Platón, Madrid, Abada.

[3] En cuanto al problema de las relaciones de fuerzas Deleuze (2013) afirma que la comprensión del organismo debe hacerse por medio de la compresión de sus fuerzas. Un cuerpo se caracteriza por la relación de fuerzas reactivas y activas que las dominan (p. 62), donde estas fuerzas activas resultan difíciles de comprender o entender por fuera del esquema de las fuerzas reactivas, puesto que la misma conciencia es una fuerza reactiva. De allí que este filósofo reinterprete la pregunta de Spinoza: ¿de qué es capaz un cuerpo?, interrogante al que se podría facilitar cierta respuesta al abordar críticamente la obra de nuestro poeta colombiano.

[4] Téngase en cuenta la etimología del carnaval a partir del latín carnavale como fiesta de la carne, levantamiento de la carne, despedida de la carne; como vinculación de lo humano con lo terrestre, que según Bataille (2003, p. 256) puede establecer una relación con la dimensión de lo sagrado que implica la pérdida feliz y el sacrificio del sí mismo.

[5] Esta transgresión, según Estanislao Zuleta (2007, pp. 136-137), se vincula al erotismo en cuanto tiene por fin violentar o profanar a la belleza a la cual está estrechamente vinculada. Transgresión como el aumento del deseo espiritual de generar ideas que aspi- ren a lo eterno, al deseo del descenso, que implica la vulnerabilidad de la belleza y el adentramiento en las regiones imprecisas de la animalidad.

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ISSN: 1794-3841 - e-ISSN: 2422-409X - DOI: https://doi.org/10.15332/2422409X