Las Ciencias sociales desde hace varios siglos han venido estudiando el Conflicto Social como una categoría de análisis, y comprendiendo que a lo largo de la historia este siempre ha existido. Las sociedades modernas no son estáticas y requieren nuevas arquitecturas en sus relaciones con los otros, es allí donde entra el conflicto como eje de búsqueda de un nuevo orden social, pues lejos de ser destructor y desorganizador, puede, de hecho, constituirse en un medio de equilibrar, y por tanto, de mantener a una sociedad. Estudiar el conflicto plantea en las sociedades actuales un privilegio pero también un reto, en la medida que permite re-crear y modificar las normas comunes necesarias para el reajuste de las relaciones, es decir creatividad e innovación, y asimismo, reconocer las fuerzas relativas como un mecanismo que equilibra y ayuda a consolidar sociedades. Todo lo anterior nos lleva a no olvidar que en medio de todos los conflictos están los actores sociales como generadores de los mismos o receptores de su incidencia. No se trata de ver el conflicto como un problema o su ausencia como la paz perfecta, se trata de ver cómo en nuestros territorios el conflicto social da sentido a una serie de prácticas que se van sedimentando y nos constituyen como sociedad. 

En suma, el conflicto es un hecho social, universal y polifónico necesario que se resuelve en el cambio social, por tanto, esta convocatoria invita a recoger las experiencias de los conflictos que se tienen en diversos contextos, sistemas sociales, territorios y escalas tanto locales, como regionales, nacionales e internacionales (no olvidando lo transnacional) desde una mirada de las Ciencias Sociales.

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